lunes, 23 de junio de 2008

Stalingrado la última noche de asedio

“This is the end, beautiful friendThis is the end, my only friendThe end of our elaborate plansThe end of everything that stands The end”
Jim Morrison



Nada había de parecer nuevo,

pero inquietantemente lo es,

bajo este turbador cielo nocturno

iluminado por auroras de fuego

como el de Stalingrado la última noche de asedio.



Nunca antes habíamos vivido

una época de exceso

con la que no se atrevieron

ni a soñar nuestros mayores

y en la que hasta los cerdos

comen jamón.



Extinguidos los lunes, la noche

ha de redoblar sus esfuerzos

para continuar siendo la protagonista del pecado;

si en cielo flotan grises cien lunas

mañana abrasaran cien soles.



La carne se pudre en los frigoríficos,

mientras, los huéspedes del deseo

matan el tiempo en lupanares de neón

expectantes ante lo que se les ofrece;

abierta la subasta cierran acuerdos económicos

que satisfagan a ambas partes,

manejan nerviosos la tarjeta de crédito

esparciendo la caspa del diablo en los lavabos

y es que la virtud

puede llegar a ser un defecto hoy,

que el que no peca no mama.



Las fieras escapadas del zoológico

deambulan libres por las calles

cruzándolas sin mirar, pasando entre los coches

ajenas a las sombras

en que se deshacen sus movimientos

producto de las luces de los focos que las deslumbran;

entran en los locales como si acudieran a una cita,

como si buscaran una presa

de su misma especie.

Si Dios dejara de ser sólo un actor

con el guión de otro,

si bailara, habría posibilidad de que alguien lo adorara.





Te veo y finjo no reconocerte;

intento inútilmente evitar

que te acerques a sablearme,

ya nunca serás la que una vez quise pedirte que fueras;

me ofreces a cambio solo de mi sincera mirada

lo que un día solo me pude contentar con desear.



Me atrevo a responderte que no

- hoy, cuando nadie sabe decir no-

tu moneda se ha devaluado

o me he vuelto escrupuloso

a la hora de traicionar mis recuerdos.

Siempre he sido un excéntrico, bien lo sabes,

pero me amarro a contracorriente,

soy sólo feliz meando contra el viento.



Y es que nada debía parecer nuevo,

pero inquietantemente lo es,

bajo este estéril cielo nocturno

iluminado como el de Bagdad

la última noche en que volaron mágicas las alfombras..

2 comentarios:

Elisa dijo...

Hola Óscar, me alegro que por fin tengas blog!! Enlazame por ahí, que yo igual te pongo en el mío.

Un saludo y nos estamos leyendo!!

oscar dijo...

gracias hermosa , ya te he ckicado a mi pagina, estas agregada, espero que algun día cocinemos todos juntos