miércoles, 30 de diciembre de 2009

dos opciones


De siempre, sea por activa o por mi pasividad,


me dejaste bien claro que disfruto de dos opciones;

por un lado, usar la bala de plata que introdujiste

- nada más conocernos- en la recamara de mi conciencia

para el día en que decida abandonarte,

o, el vale canjeable por un incendio en una gasolinera,

para cuando me anime definitivamente a quemar mis naves

y todos los puentes que haya tras de mi, arrojándome al abismo

de romper como una piedra el cristal de tu ventana

a cualquier hora de la noche, porque me esperas

siempre dispuesta a acogerme hasta que la muerte nos separe.



Y, con esa indefinición como arma, he dejado de ser el lobo

que perseguía tú húmedo y caliente rastro; ahora

permito, en esas noches cegadoras en que pareces necesitar más,

con distante desden y como sino te quisiera dañar,

que convenzas a mi honrada decisión poniéndome la mano

en el pecho de que no soy un canalla valiéndome de todos los comodines,

hasta conseguir que seas tú por mí la que invente una excusa

que demos los dos por buena poniendo de valedor a tu cuerpo.



Una vez saciada esa hambre febril que partía como un haz

de luz azul de mi lado menos presentable

y recupero de buena mañana la sensata consciencia

de recordar con arrepentimiento sincero

las palabras que me arrancaste,

-¿o fui yo el que las creo para ti como placebo?-

reflexiono sobre como echar marcha atrás

sin que se note en exceso, no vaya a perder donde caerme muerto,

pero sin dejar como garantía mi cabeza

por una promesa que no reconozco

como a un hijo ilegitimo que esta echando dientes de leche.



Busco a mí alrededor una alarma de incendios para romper el cristal

y accionar una justificación para salir corriendo de entre las llamas

del infierno sin fuego qué preveo que sería que anuncies

una relación conmigo.

martes, 29 de diciembre de 2009

BLUES DE EN MALA HORA


Blues de en mala hora







En mala hora el parpadeo de aquella estrella del cielo



dirigió mis pasos a la puerta de aquel bar.



En mala hora no entraron en mi boca un millón de moscas



para no haberte dicho aquellas bonitas palabras al oído.



En mala hora no hice caso de esa voz interior



que como la de mi doctor, me advierte siempre



que la mentira elige para esconderse



unos bonitos ojos y una amplia sonrisa.



No pensé ni en echarlo a cara o cruz



y en mala hora la mentira me prefirió



para envenenar a partir de entonces mis pasos



al doblar abrazados la misma esquina,



haciéndome correr en todas direcciones



sin apagar ningún fuego, sólo la luz de su habitación.









Siempre he sido un tipo sin suerte, no por eso



había de cambiar nada ni hacérseme extraño



sudar porque ella quiera caer bien



a todo aquel que la presento. Así es como de mi ilusión



me convertí en un juguete, y no vale de nada ponerle las cosas claras



porque la mentira te hace dudar de tus propios ojos.



Si lo piensas dos veces, hasta tus oídos te traicionan



para querer escuchar en todo momento



a sus pasos desnudos acercándosete lascivos.



La mentira es como un perfume



que no sabe pedir perdón ni dar las gracias.









En mala hora me creí lo que tuve que tragar



y que en lo que deseé fuera mi cielo particular



ahora ardo como en el infierno, usando como extintor



el néctar que me sirven en el mismo bar



en que en mala hora bese lo que pensé era tu alma



mientras tú metías mano en mi cartera,



porque yo existía sólo en tus ojos



mientras tú te agarrabas bailando al fraude



que es el corazón de un animal herido



naufrago en un lugar que jamás existió.





Dedicado a cara de ángel, corazón de demonio

domingo, 27 de diciembre de 2009

SOY UN HOMBRE DE PAPEL



Soy un hombre de papel empujado por el viento
que los meteoros que le caen del cielo hacen viajar
tragado por el vendaval sobre su lomo
hacia una próxima desintegración.

Soy un hombre de papel en el que los demás leen
como si fuera transparente
lo que un juguete roto se atreve aun con ilusionarse
y que sigue buscando alguien al fin
que interprete lo que no sé como decir.

A veces me siento como un único nadador
en una piscina vacia;
extiendo mi cuerpo mirando hacia arriba
y me abandono flotando con los ojos cerrados
hasta despertar al posarme en el duro fondo.

Me arden los pulmones de acero, me pesan las extremidades.
Sueño con lunas de otoño y diosas de plata,
con ser libre de mi mano contra mi frente
y mi codo apoyado en la barra del bar,
de estar condenado a ver sus ojos
como lejanas estrellas que brillan en el fondo de cada vaso.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

AMAI(Ñ)ADOS





Estoy empezando a creer que el cielo y el infierno

deben de ser la misma cosa.

Lo digo porque allí, al final de esta historia,

nos reencontraremos todos y no me imagino mayor

absurdo castigo que tu ineludible condena

sea tener que volver a mirar a los ojos

al ejercito de muertos víctimas de tu egoísmo aquí abajo.

Enemigos que te buscaste, desnudos al fin del odio y el rencor,

que eran los dos besos que se cernían en sus mejillas

cuando con una sonrisa perfectamente ensayada saludabas

presentándote ante cada nueva incauta víctima

para parasitarle la felicidad de la ilusión.

Y tú, como conclusión, desposeída de tu tiranía de reptil

y de cualquier justificación.



Pero al cabo llega ese momento de aclamada satisfacción

que todos hemos deseado según fuiste envenenando y saqueando,

sin ponernos de acuerdo cada uno con su fecha,

dotándote de la oportunidad de seguir arrastrándote

y de la impunidad de continuar fecundando más dolor;

te deseo, ojalá, que aquí abajo mientras tanto,

tu pasado te persiga como un aguacero de cristales rotos

y como un vendaval te envuelva arañando el reclamo de tu suave piel;

que en tu presente se repita la consciencia de vivir día tras día

la perenne rutina de la constante insatisfacción de una existencia insaciada,

que bajo tus hipnotizadores bellos ojos se formen las enormes ojeras

de dormir sola todas las noches aunque a tu lado

ronque satisfecho de tu vació a quien nunca amaras.

Que tu futuro, aunque hayas aprendido,

y eso es lo que dudo ya que lo que me ha enseñado a mi la vida

es que las personas jamás cambian,

que tu penitencia sea no ser creída incluso cuando digas la verdad,

que eternamente cuando cierres los ojos sea para ver nuestros rostros

y que todos los sueños que pretendas poseer se te transformen en liquido
huyendo de tus manos.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

CARA DE ÁNGEL CORAZÓN DE DEMONIO



ESTO ES UN BLUES, para leerlo se recomienda poner algo de Muddy Waters.



Si la luz del bar en que te conocí
no hizo justicia a tus bonitos ojos,
el brillo de tu sonrisa
recorrió mis venas
como el nervioso aleteo
de una mariposa
atrapada en el liquido oro
de mi vaso de whisky.
Si la luz de aquella habitación
donde hicimos por primera vez el amor
tampoco hizo justicia a tu cuerpo,
la punta de mis dedos lo perfilaron
sin agotarse de recorrer
tus pechos y tus pezones,
de abrirse paso a tientas por tus costados
y tu penetrable vientre,
y el sabor de tu lengua en mi boca
hizo el milagro de que lo sórdido
se convirtiera en un bello éxtasis
de dos cuerpos tiernamente acariciados.
He de reconocer que los ojos
con los que te mire desde el principio
tampoco te hicieron justicia,
ni las bonitas palabras ni las promesas
le correspondían a esa cara de ángel
pero con corazón de demonio.
Lo que algunos insisten en llamar ceguera
se trata tan solo de falta de luz.
También las más bellas flores
cuando se pudren huelen mal.
Eso hace que uno descubra al final tarde,
solo en mitad de la noche y de la calle desierta,
sin encontrar un taxi y sin dinero en los bolsillos
para volver a casa o entrar en el ultimo bar,
con ese incompleto sentimiento de orgullo
de que me quiten lo bailao,
que las bonitas caras de ángel
suelen ocultar el corazón de un demonio.
DEDICADO A AMAIA







jueves, 29 de octubre de 2009

con la rapidez de un "ti ta"





Todo ha pasado con la rapidez de un “ti ta”y ¡zas!,

de pronto tengo ya cuarenta y tantos

y, lo que ha estas alturas resulta más peligroso

según me dicen, sin haber madurado.

Eso sí, cada día me reconozco menos

en lo que hago.

Al final resultara

que de tanto buscar una explicación

o un sentido definitivo a la vida,

esta va a resultar ser una anécdota.

Y lo que es más triste,

no contada por nosotros

sino recordada por dos que toman algo en un bar

junto al sepulturero que también refresca el gaznate

después de habernos colocado la losa.

Y es que tú intentas disimular los años

con maquillaje,

haciéndote algo en el pelo,

o poniéndote esa ropa

que si tuviera una hija no la dejaría salir con ella a la calle.

Yo, me camuflo de desenfadado,

que es como ocultar la decepción

bajo la alfombra de la complacencia con amnesia

que nos permite convivir inesperadamente con lo cotidiano.

La cuestión esta en no enloquecer;

en no pretender, además, poner un precio inasequible

a la distancia que nos separa

de lo que una vez quisimos ser;

no permitiendo, ni por un instante,

que el universo con todo su peso

repentinamente al caernos encima

nos aplaste.

Pero inevitablemente siempre hay un delator

que nos reconoce,

nos para en la calle

y con la alevosía

de que un día coincidimos

saca en la conversación aquella anécdota

que ya había olvidado,

-igual que su cara nada más darme la vuelta-,

y que luego no me permite continuar a lo que estaba,

sino inquieto y molesto

por la sensación que mi vida acabara

siendo como un chascarrillo inoportuno,

fragmento en una conversación sesgada,

envilecida por la torpeza

con que sale de boca de otros.

jueves, 22 de octubre de 2009

SUSANA





Siempre quise saber quien eras. Ha sido la incertidumbre que más me ha castigado durante el tiempo que ocupaste mis parcelas más intimas y que recorre como el duende de la desolación las extensas zonas atormentadas que dejaste tras tu ausencia. Haberte encontrado, por ejemplo, lo primero un nombre, para haber dejado de llamarte sin palabras; únicamente como hacia, con aquella ansiedad solícita de tus labios de lengua bífida para que me arrancasen un dulce suspiro o un inesperado gemido. Realmente nunca supe como tratarte, no sé si debido al vértigo de comprobar cuanto nos separa o al pánico a lo que nos podría haber unido. Así que nunca supe si eras un bello regalo desnudo y lascivo del cielo – de un Dios que me castigó obsequiándome con algo que le pedí hacía tanto tiempo que llegue a olvidar haberlo suplicado en tantas noches de hastiada soledad- que nada más terminar se escabullía cerrando la puerta sin que yo la oiría, como una premonición de un final que huye escalera abajo, recortada por las sombras de un amanecer que escapa hacia delante como de una frase que nunca estuvimos seguros de saber pronunciar; obligándome a compartir su premeditada soledad abandonado a la intangible presencia dejada por su olor entre los pliegues de las sábanas de mi cuerpo y a la evocación irreal de imágenes casi pornográficas; montándonos a horcajadas, cabalgando el delirio hasta agotados dejar caer los brazos abiertos en la húmeda redención del estrecho abrazo de dos cuerpos exhaustos.
O como a una diosa pagana, surgiendo recién nacida de entre sus propios fluidos que me ofrece en su aguabenditera, para que humedezca las puntas de mis dedos y pueda escribir sobre mi paladar el génesis de una nueva generación de sensaciones, que las palmas de mis manos intentan vestir acariciando la filigrana de su piel desnuda. Deidad a la que ya no me estaba permitido adorar y menos ambicionar. Inalcanzable como mendigar la felicidad eterna de volver a nacer y vivir sin un pasado en el que estaba de vuelta de casi todo cuando tus padres aun continuaban ignorando cual sería el sexo de su primogénito.
Tampoco he sabido hallar las palabras que me hubiera gustado susurrarte mientras caminaba dentro de ti, ni las que pronunciar cuando decidiste no volver a ser un pecado de ternura y de sangre, tan obvia como tu vulnerable mirada, que tanto me recordaba a la llama de una vela junto a una ventana abierta.

Tampoco supe que pretendiste de mí. Si robarme el secreto que redima tus pueriles dudas sobre en quien no te quieres convertir, sonsacándome en quien soñé convertirme sin conseguirlo, o obtener una dirección completa que te lleve lejos de las tareas de mi calle, como si realmente existiera algún lugar donde no cargar con la culpa de no equivocarse jamás. O terminar de volverme loco, como cuando pienso que hasta ti no había aceptado aún que ya estaba en mitad del solar de esa edad en que aspirar a tener ilusiones es el mayor de los pecados, tanto o más que la necedad de los jóvenes que se comportan como viejos.
Esos viejos que se consuelan con el recuerdo de un ultimo amor que se les escurrió con la facilidad con que tus cabellos escapan entre mis dedos; la misma con que tu cuerpo parecía girar entre ellos, con la absoluta levedad de un hada, de una libélula azul sobrevolando las ruinas grises de una antigua civilización que despareció sin dejar huella. Transformada por la magia del momento en lo único vivo que respiraba sobre mi cama.

jueves, 15 de octubre de 2009

antes de saquear el cielo


por su puesta esta afotho es del doctor barret ¿alguien lo podría dudar?

Antes de saquear el cielo


Antes de saquear el cielo

Propongo

Saboteemos primero el infierno

No informemos de nuestros planes

Que el demonio se entere por la prensa

Que tenga que preguntar

Que acabe por ponerse al teléfono

Para hacer frente a las quejas del mismo Dios

Sobre violaciones de Ángeles

Sobre alas de plumón arrancadas

De responder por las llaves robadas

Que les obliga a dejar abiertas de par en par

Las puertas del cielo toda la noche

Como para que ahora entre cualquiera

martes, 13 de octubre de 2009

estás muerta

foto del barret (quien sí no)







Estás muerta.

Dime entonces por qué cuando te miro veo un arbusto seco,

un retorcido y oscuro esqueleto sin hojas

que para mis labios, mi pene, mi lengua y mis manos

resulta tan real

pero al que mi alma no alcanza a acariciar.



Cierro los ojos y me vuelvo a preguntar sin resolver

que hago abrazado a ti.

Los abro y contemplo tu rostro con la misma absurda expresión

que tendría si estuviera definido por el marco de un retrato,

y es que cada nuevo beso a unos nuevos labios,

cada caricia a la que me abrazo en cada nuevo primer encuntro

con un nuevo cuerpo, con sus nuevas manos, con sus húmedas oquedades,

me resultan tan desconcertantes como una despedida

a la que ni la distancia de tu recuerdo evita la sensación

de pequeña traición, y aunque me esfuerce

no puedo conseguir rescatar algo

para que todo fuera como aquella otra vez, quizá la primera.



Por mi ya paso como el torrente irrepetible de un aguacero

que deja un pequeño meandro seco de arena y hojas,

aquella edad en la que vibraría febril con ojos de rana verde

y lengua dulce por la excitación

al verte bailar semidesnuda con tacones de aguja

sobre mis vinilos más valiosos.





Mis músculos han olvidado como sentir aquel dolor

y como buscaba remplazarlo con otro,

por ejemplo mordiéndome angustiado los nudillos.

Te juro que es imposible – y lo lamento- que vuelva a peder la razón.

Ahora sois sólo como la cerveza que se bebe el sepulturero

después de abrir un nuevo nicho.


jueves, 3 de septiembre de 2009

hombre bueno


Si un hombre bueno es llevado ante un juez

veréis que no sabe como actuar ni que decir,

ya que cuando un buen hombre descarga su ira

esta es como un cuchillo sin empuñadura en su mano.
.
El miedo a la infracción habitó en su conciencia

desde el mismo momento en que nació

porque en su corazón fue prendida la eterna llama de la culpabilidad

y de la misma manera aceptara que el lugar donde se le envié será mejor.



Para crear al buen hombre fue preciso usar verdes mimbres en vez de barro,

así el viento lo penetra sin doblegar su voluntad de permanecer erguido

- a los hombres buenos se les debería enterrar de pie- , y ese soplo de aire azul

llena de alma lo que sin el sería un vacío armazón

que ya permitía que los haces de luz del sol

lo atravesasen para retratar en el negativo de su sombra

las maravillosas imperfecciones de su creador

como doradas llagas que nunca cicatrizaran,

y que las gotas de lluvia lo golpeen como alfileres sin herir su piel

resbalando por ella hasta besar sus pies.



Este buen hombre es daltónico ante lo que para los demás es evidente,

cuando mira en el espejo sólo ve su rostro y, en él, clavados sus ojos

que lo examinan como si parecieran tímidamente sorprenderse;

para el resto, están entre los de expresión más triste que han contemplado,

por delante incluso de los de un perro abandonado en la gasolinera de una autopista,

como el semblante de un soldado carne de cañón preguntándose que si Dios está con él,

¿quien coño esta con el enemigo que es más fuerte?.


Si lo observas sin que lo sepa, su silueta

produce una sensación de fragilidad desvalida

pero orgullosa y de inquebrantable voluntad,

como la de una gallina con la cabeza decapitada en vuestra mano

y que corre instintivamente a hacer frente a la burla de su destino.




Si condenáis al hombre bueno con la tiranía de las leyes

no conseguiréis arrancarle su amor, ni con la injusticia

conseguiréis que se vuelva cruel.

De su boca no saldrán palabras que amenacen

con repentinas viudedades de quienes aun sienten como vírgenes,

ni con la orfandad de niños no nacidos de úteros capaces sólo de concebir fantasmas

y que corren vestidos de primera comunión por las cloacas.



No os engañéis, cuando el hombre bueno muere,

cede su sitio a otro en la solitaria banqueta del que bebe solo

en la barra de uno de esos bares que parecen no cerrar nunca,

en los pasillos donde se escucha como arrastran sus pasos

quienes viven la realidad de otro mundo en el que pueden ir libremente;

en la lista de ejecutables a embargo forzoso por impago a los bancos,

en aquellos viejos zapatos de suela desgastada que cada noche

se quedan desamparados y solitarios a la puerta de la habitación.



Cuando el corazón del hombre bueno, tan generoso hasta en su latir

que gira y da vueltas alrededor del viento y escupe a la superficie del sol

para oírlo crepitar, deja de preocuparse por este mundo

su cuerpo no es abono, no lo olvidéis nunca.

Esparcirlo en la tierra sin poner señales como haríais con una semilla más.

martes, 28 de julio de 2009

hablo de un tiempo


foto de barret


Hablo de un tiempo en que las ventanas
miraban con hambre a la calle.
Eran días azules y una calle como un universo lleno de posibilidades
en la que únicamente dejábamos de jugar en su mitad
al balón cuando aparecía algún coche.
Niños sudorosos con mocos secos y rodillas empostilladas.
Niños que te miraban atraves de una sonrisa a los ojos.

Hoy las ventanas no miran hacia ninguna parte.
Tras sus cortinas frías luces amarillas
permanecen encendidas sin alumbrar a nadie
como los televisores continuamente enchufados
ante los que sus habitantes pasan sin detenerse,
creando sombras opacas de una vida extrañamente privada
sobre las paredes de donde cuelgan retratos de su felicidad fotografiada.
En la calle es imposible encontrar donde aparcar
y que se pueda dejar que los niños jueguen solos
porque ahí fuera habitan hombres elefantes con zarpas de rata.
Hoy los niños desde sus habitaciones mandan mensajes
atraves de sus móviles con el ansia del que espera que le respondan.

viernes, 17 de julio de 2009

este corazon

Este corazón como la luz ha traspasado las cortinas;
sin estruendo se ha posado entre las sabanas
para despertarse pegado a su costado;
ha entrado como el rojo amanecer en el ensueño
liviano como una pluma de su cuerpo
para sorprenderse con cada uno de sus rincones
creyéndose todas sus verdades
hasta no poder palpitar sin que ella lo ordenara.

Este corazón conoce bien las sombras
que habitan como siluetas en la memoria,
en la propia y en la del olvido ajeno;
en su fria indiferencia por mi inesperada desnudez,
por la agotadora angustia en mitad de la noche
al ver a mi fantasma sentado en su cama
y como ella continua dormida a mi lado
cuando hace años que ya no habito en su mirada.

Este corazón empapado en el caramelo envenenado
de las frías gotas de roció del edén
- ensangrentada víscera escarmentada-
ansía como el hígado de un alcohólico
no pasar del calor a la frigidez
sin haber apurado hasta la última gota
de la ilusión que lo sedujo.

Este corazón vive en cada sensación
de un miembro amputado, como la mano serrada
que nos espera desamparada con ganas de que la muerte
convoque al resto del cuerpo,
mientras continúa enviando el estimulo
de que la otra la frote para darla calor
o con la percepción de poder asir las cosas
con que un obsceno muñón desnudo
no puede extenderse para devolver ni un saludo.


Hace tiempo que a este corazón no le calienta el sol
sus venas de piñata usada.
Parece una piedra habitando una lata vacía
que únicamente suena cuando algo lo consigue agitar;
un músculo trasformado en cartílago cuyo único latido
se asemeja al de una puerta cerrándose de golpe;
que piensa que aún puede ponerse al día
pero que se agota con la planificación de los preparativos.


A es este corazón le falta la línea del horizonte
y sin embargo no renuncia a continuar como un niño
esperando lo que desea,
y echa mano de una patética seducción
como último recurso para recuperar lo que nunca tuvo;
y como si haber sufrido le diera derecho
a entrar sin papeles en el paraíso,
llama todas la puertas que encuentra cerradas
con la misma irracional insistencia con que una rama
sacudida por el viento golpea el cristal de una ventana,
con la insensata seguridad de haber estado siempre a todo
con los cinco sentidos para no perderse nada
y no ver que ha acabado dando palos de ciego.

martes, 30 de junio de 2009

VIVIR



El truco esta en ignorar que vivimos atrapados por nuestra edad

culpabilizando a la época que nos ha tocado vivir;

así es como tenemos la excusa perfecta para justificar,

ante un universo que ya no nos contempla,

el por qué levantamos barrotes que nos permiten tener vigilado al pasado

e impedir que se nos acerque

como a la ultima persona con que no nos desearíamos encontrar.



Los síntomas de este momento llegaron sin tu saberlo

cuando comenzaste a confundir las sombras con siluetas.

No es sólo cuestión de tiempo el aprender a aceptar

que no somos las agujas del reloj

y sí la dimensión que llena su separación y que desaparece a su paso.

Sangre en nuestras venas saltando de piedra en piedra

como un mes de septiembre que quiso eternizarse en primavera

y no asume ser el fin del verano.



Fecha tan inexacta como el punto donde coinciden

el fulgor nocturno de la hilera de farolas del paseo

prolongandose infinitas hasta perderse de vista,

con su reflejo aún más brillante sobre las mansas aguas de la ria

yendo serenas al encuentro de ese himen

donde coinciden bajo el influjo lunar de las mareas,

la frescura que calma toda sed y el salvaje empuje de las saladas olas.

lunes, 15 de junio de 2009

como gaviota tierra adentro

esta afhoto lasacao doctor barret




Cuando te quedas en silencio me haces sentir

como una solitaria gaviota lejos del mar

a la que exclusivamente tu mirada,-que mis ojos buscan

con la misma ansiedad con que un perro travieso

te clava fijamente la suya esperando que le lances algo-,

es capaz de devolver la oceánica serenidad

del permanentemente invariable paisaje

como un arrugado papel de fumar, de las olas

en mitad de este inquietante y siempre impredecible mundo,

en el que la candidez sincera de mis sentimientos

de blancas plumas

son fácil diana para el dolor que aparece amenazador

como la oscura silueta de los árboles

saliendo de entre la niebla.

sábado, 13 de junio de 2009

como la memoria de un muerto

photo by robert doctor barret



Ahora sé que debí haberte advertido
de que mi visión de los días venideros
es como la memoria de un muerto
y que tan sólo soy real cuando me contemplas dormido
sentada al borde de la cama,
haciéndote esas mismas sonámbulas preguntas
que los trenes que pasan bajo tu ventana
jamás te respondieron.
Es entonces cuando puedes acariciar al trueno lejano
de mi pesada respiración, y calentarte con las cenizas
aún humeantes del rescoldo en que he acabado.
Debí haberte contado que antes de visitar el tuyo
hubo otras mujeres cuyos sexos debían pensar
ser el centro del universo, y cuyas líneas esnifé
hasta borrarlas como la droga de la esperanza
de encontrar un tesoro sin mapa,
dejando exhaustas todas mis edades
y vacías de contenido las palabras “para siempre”.
Pedir con indiferencia que ya nada nos confunda,
cuando la vida ha sido aceptar un dulce error tras otro,
es buscar una excusa valida para no culparnos por todo
o que justifique la autodestrucción.
Maravillosos desaciertos que perseguí
con la meticulosidad de un caprichoso,
con la serenidad de una carcajada,
con la prudencia de un despilfarrador.
De nada sirve pedir cuentas porque haya vuelto a llegar tarde
otra noche y que no me preguntes de donde
cuando ya nadie puede cubrir nuestras deudas ni dar un duro
por lo que vayamos a sacar del bazar de este último encuentro.

martes, 9 de junio de 2009

COMO ADQUIRIR EL LIBRO


ESTA ES LA EDITORIAL EN LA QUE HA SIDO PUBLICADO MI LIBRO Y EN LA QUE PODÉIS ENCARGARLO PARA RECIBIRLO EN VUESTROS HOGARES. http://librodepoesia.com/
EN MADRID LO PODÉIS HACER ACERCÁNDOOS A LA LIBRERÍA "LA CASA DEL LIBRO" O EN LA LIBRERÍA "CERVANTES". EN BILBAO LO PODÉIS ENCONTRAR EN LA LIBRERÍA "CÁMARA" Y SINO EN LOS VERDADEROS INSPIRADORES DE MI OBRA: LOS BARES.
EN EL "RESIDENCE" DE LA CALLE BARRAINCUA, EN EL "AZULITO" DE ESTRAUNZA, EN "EL GLOBO" DE DIPUTACIÓN, EN "LA KAROLA" DE OLABEAGA, EN "LA ANTIGUA CIGARRERÍA" DE LA CALLE ASTARLOA, EN " EL PIROPO" DE MANUEL ALLENDE.

miércoles, 20 de mayo de 2009

las fotos y la presentacion

















































entrevista publicada en la contraportada del diario "Deia", el domingo 17 de mayo











OSCAR ALBERDI POETA Y COCINERO

"De Santa Teresa sólo conozco la botella de ron"




Corre por sus venas el oficio de cocinero, un 'virus' que brotó en las cocinas de un clásico, el restaurante Bola Biga. No es, sin embargo, un hombre de pasión única y cultiva el realismo sucio en la literatura con la misma destreza con la que 'asea' un gran bacalao para la mesa...
Jon Mujika
restaurante alberdi. Atiende la entrevista con aire fatigado y uno no se atreve a preguntarle -miren sus ojos en la fotografía y sabrán por qué...- si el cansancio obedece al trajín de la cocina o una de las noches canallas que tanto adora. Oscar Alberdi es un cocinero de raza que acaba de publicar Conviviendo con el caos, un libro de versos duros como el papel de lija, dirigidos al corazón... ¡de las entrañas!


¿La realidad es sucia?


Puede serla y puede que no lo sea. A mí me gusta algo cochina, sí.


¿Autobiografía?


Hay un trasfondo en el libro que sí lo es. He pasado mucho y ahí queda, no me arrepiento de nada.


¿Se puede comer de los versos?


No. Por eso sigo en la cocina. En la puta bohemia que tanto me gusta se vive fatal y se come frío, pero es muy divertida aunque salga cara. Así que se confiesa canalla... Me gusta la noche y andar con malas mujeres que fuman y beben. Pero eso es incompatible con el oficio de cocinar.


¿Dejará entonces un día de estos una u otra vida?


Salgo menos de lo que me gustaría, pero cocinar es algo que me apasiona.


¿Y si la literatura le diese para la buena vida golfa...?


Quizás cocinaba para las cenas. Y luego saldría de marcha con los comensales... ¡No es mala la fórmula, no!


¿Qué domina más, un buen bacalao o un verso?


Al bacalao lo tengo dominado desde hace tiempo y el verso a veces se deja y a veces no. La poesía surge cuando quiere. Por eso tengo un ordenador en la cocina...


¿Para escribir?


Para escribir. Algunas teclas están desfiguradas por la grasa, pero las conozco bien a todas ellas. ¿Le puedo llamar poeta?


No.


Así de rotundo...


Para ser poeta hace falta tiempo y es tiempo lo que me falta.


Santa Teresa también era una poeta entre fogones.


No tengo nada que ver con esa señora, salvo que ella tenía un miembro incorrupto y yo otro. De Santa Teresa sólo conozco la botella de ron.


Volvamos atrás: cocinar y escribir versos. Ya sabe que las mujeres dicen que el hombre...


Ya, ya. Que no puede hacer dos cosas al mismo tiempo. Sabe en qué se parece una mujer a un delfín...


¡Ni idea! Todos sabemos que tienen una forma de comunicarse pero ni Dios sabe cómo descifrarla.


La pregunta tópica de la entrevista: ¿los cocineros y los poetas nacen o se hacen?


Ambas cosas.


¿Y usted?


Yo he nacido para esto, para la cocina y para escribir versos.


En esta segunda faceta habrá causado sorpresa entre sus compañeros de oficio...


Ha sorprendido que escriba con la pinta que tengo de gorila de pub de alterne, sí. Pero algunos ya me han felicitado.


¿Qué se cuece en su cabeza ahora? Si este libro sale bien, tengo preparado otro que se titulará Los poemas de un asesino.


¿Lírico?


Ja, ja, ja. Ya te puedes imaginar que no. Corren malos tiempos para la lírica.


¿Cómo consiguió publicar entre tantos escritores? En determinados foros de internet hay un puñado de gente que escribe y que se conoce entre sí. Una amiga me pidió permiso para enseñar mis versos a un editor...


¿Y?


Al parecer el día que los leyó había olvidado tomar la medicación y le parecieron cojonudos.


¿Las musas le han quemado algún plato alguna vez?


¿Qué gilipollez es ésa...? Ya le he dicho que hago dos cosas a la vez.






el protagonista carné de identidad


· Edad. 43 años · Lugar de nacimiento. Bilbao, pronunciado con toda la rotundidad del mundo. · Carrera profesional. Trabaja de cocinero desde los 18 años y escribe poesía desde antes. En la actualidad regenta el restaurante Alberdi. Acaba de publicar su primer libro, 'Conviviendo con el caos'. sus frase "En la puta bohemia que tanto me divierte se vive fatal y se come frío. Por eso cocino..."

articulo aparecido en el diario "el correo" en viernes 15 de mayo


Versos directos al hígado

"Conviviendo con el caos", primer libro de poemas del cocinero Óscar Alberdi


POR Txema Soria


Para Óscar Alberdi, reconocido cocinero, escribir poesía ha sido una tabla de salvación a la que agarrarse en algunos de los peores momento de su vida, un rincón donde poder soltar la rabia acumulada, verter aquellas emociones intensas que no se pueden contar más que a un papel en blanco. Ayer presentó en la librería Cámara, justo enfrente de su restaurante, su primer libro, ?Conviviendo con el caos?. Javier Cámara dijo en la presentación que cada poema de este volumen es una verdadera sorpresa. María Villa fue la encargada de leer el prólogo del libro, escrito por Mayte Sánchez Sempere, en el que se dice que «la poesía de Óscar tiene tanto de vida en cada verso que no puede dejar de respirarse». Es una poesía sin metáforas, que puede entender cualquiera, poemas escritos por un hombre que ha sufrido, que ha vivido. Sus versos son contundentes, como un directo al hígado. Txemi del Olmo y Peru Fuentes recitaron algunos de los poemas del volumen y Manu Iturregui interpretó al acordeón ?El vals del padrino?.Estuvieron en la presentación Adrián Alberdi, hijo de Óscar, que no se separó en ningún momento de su padre, Carmen Tobalina, Ángel Cámara, Iñaki Goitisolo, Aitor Fariñas, que apenas podía hablar, pues acababa de llegar de Valencia de animar al Athletic en la final de Copa, Elena Escudero, el cocinero Ricardo Pérez, Mateo Peláez, Begoña Viana, Isabel Batarrita, Alberto Zuluaga, presidente de la Asociación de Cocineros Vizcaínos Geugaz Jan, Alex Fiz, Marino Montero, Elena Marsal, Elisabet Alberdi, Iñaki Basterretxea y José Luis Jauregi.También asistieron David Jabaloyes y Victoria Arniges, que viajaron desde Barcelona para acudir al acontecimiento literario, Valentín Erauzquin, de la galería Bozzetto, Gloria Díaz Armentia, el profesor Luis Cubas, que el día 28 presenta su libro de poemas ?El aroma de los tilos?, Iker Iglesias, Lide Maguregui, Aitor Alejandro, Ana Muela, que fuera compañaera del gran poeta Eduardo Apodaka, Luis Mariano Junquera, Vanesa Río, el escritor Julio González Alonso, Joaquín Gastón, Xabier Zaldunbide, Óscar Blanco, José Guarino, Victoria Trejos, Mónica Fraga y el ginecólogo de la clínica Euskalduna Eduardo López Arregui.

sábado, 16 de mayo de 2009

bilbao o mi ciudad interior
















fhoto by robert barret


A mi ciudad le huele el aliento

y ese hedor flotando tiñe su de por si extraña luz

obligándonos a vivir como si viéramos

atraves del cristal de una botella de absenta.

En esta ciudad oír el canto de un pájaro

resulta esperanzadoramente ridículo,

pero mayor absurdo es que críen en ella

su estirpe heredera de negras alas.

En la ciudad que vivo el sol no es real

y calienta sus sombrías entrañas

aspirando el humo de un tubo de escape.

Todo el mundo que habita en ella, como forasteros

de toda la vida de aquí, cree tener derecho

a que les corresponda un billete premiado de lotería

al doblar cada esquina.

Por ejemplo, los suicidas

siempre fracasan al primer intento

y prueban a empezar a vivir una nueva vida.

La lluvia sirve de inspiración a los paraguas

y alimenta los charcos para recordar a los transeúntes

que tatúan el suelo de la acera con sus pisadas

el espectro de un destino que camina

sobre los retazos de los reflejos a blanco y negro

de las nubes y los claros del cielo bajo sus pies.

En mi ciudad no existen los milagros

y sin embargo todos los días

leo en el periódico que ha ocurrido alguno.

Un Dios infraordinario

como el logotipo de una gran empresa

busca solar vacío con el que especular

con su inédito retorno.

Oigo a los que la critican decir que no tiene alma

pero lo que yo siempre le he echado en falta

como en una carta el remite,

como en una puta

de la que siempre me estoy despidiendo,

es que no tenga corazón.

Esta ciudad que presiente el océano

como sueñan las estrellas de mar

con viajar a otra Vía Láctea,

te da una paliza que rompe todos tus huesos

y sádica espera paciente, como un lagarto

contempla un escaparate con los maniquís desnudos,

a que se te suelden para con furia volvértelos a partir.

Vivo en ella sin que nadie me necesite

y todos los días parece precisar de mí

como yo de las farolas encendidas

y las nocturnas calles desiertas.

Las estrellas que transitan su cielo

parpadean puestas en contacto con la torre de control.

Esta ciudad bisexual travestida nunca cede el paso

y no se esfuerza por disimular

que puede perder los nervios con la facilidad

de un desertor de peatón al volante.

No tiene ojos para mirarla a la cara

pero la reconozco en cada rostro sin nombre como ella

que me cruzo con mirada apesadumbrada

de Ángeles recién desterrados

saliendo de los huecos edificios del centro

con aspecto de cartón piedra;

en el constante vomito de mansedumbre

de la boca del metro o de los andenes

de urgencias donde las ambulancias

entregan su carga con sobredosis de dolor;

en la atmosfera bucólica de entre guerras

de los parques con un banco bajo un árbol

y parejas paseando, con columpios y ruidosos niños

- por todos es sabido que lo niños no nacidos

corren vestidos de primera comunión por la cloacas-;

cuando entro en un baño donde alguien olvido

tirar de la cadena o me preguntan

por una dirección equivocada;

en la jeta que se me queda

al responder a una llamada de teléfono

con número oculto y una voz femenina

me confirma que la oferta promocional

concluyo sin que pasara a recogerla.




Para Txemi del Olmo

miércoles, 6 de mayo de 2009






OS INVITO


A LA PRESENTACION DEL LIBRO EN LA

LIBRERÍA CAMARA

C/ EUSKALDUNA Nº 6

JUEVES 14 DE MAYO

19’30 HORAS




























domingo, 3 de mayo de 2009

mis silencios







foto by Rober Barret



De pronto tu voz con tono herido me saca de ese estado,
en que te prometo a pesar de que reiteres con mal disimulado interés
tu pregunta, que no pensaba en nada; pero al mismo tiempo,
porque mi alma por breves instantes ha pertenecido más a mi cuerpo,
es imposible que no estuviera barruntando algo inútil de explicar
con palabras y que tu apremio ha convertido en cenizas
que has esparcido celosa por ocupar su sitio,
haciendo latente tu pudorosa inseguridad ante mi largo silencio.
Esas situaciones de ausencia que tanto te inquietan
porque te ves incapaz de interpretar, son el profético anuncio
de algo que quiere llegar pero ignora aún en que parada apearse;
que viaja nómada a toda prisa saltándose los semáforos
a la misma velocidad con que el silbido de las alas del diablo
imitan el sonido de las sirenas persiguiendo a las ambulancias,
y otras, con el paso exasperante de un viejo cruzando la calle,
obstruyendo como un infarto al impaciente e irracional tráfico.
Regala con lascivia drogas a la salida de un colegio de señoritas
o se impone salvar al mundo sin que nadie se lo haya pedido;
se imagina en secreto el olor de los rincones en cuerpos que no son el tuyo
pero a los que me encantaría poner tu rostro con los ojos cerrados
y los labios tan apretados como tus manos agarran a las sábanas;
o se mueve, sigiloso como un escualo, entre los esqueletos del pasado
flotando en el magma de mi memoria de la que me es imposible evadirme.

miércoles, 8 de abril de 2009

MI PADRE NO MURIO DE VIEJO

foto by robert barret



Mi padre no murió de viejo

Mi padre no murió de viejo. Según me pudo llegar a confesar, comenzó a preocuparse seriamente a
partir de un día que al regresar de la calle mojado por la lluvia, observó que sus pisadas no dejaban huella en el suelo de la cocina; más inquietó se sintió aún, cuando ya no consiguió verse en el espejo el hilo de sangre que broto por haberse cortado afeitándose; para acabar totalmente desorientado, angustiado y alarmado, taciturno con las manos apretadas tras su espalda como el profundo nudo de raíces de un árbol, mientras pasea taciturno dándole vueltas en su cabeza a estas y otras cosas, a partir del momento en que ya no escucho el latido de su corazón tras un satisfactorio mutuo esfuerzo o por una de esas situaciones que se lo contraían, llevándolo a pensar que de nuevo estaba todo perdido, pues siempre había desperdiciado la suma- que repentinamente nervioso se obstinaba en repasar con los dedos una y otra vez, no fuera a ser que estuviera en la última sin percatarse- de cuantas fueron las que ya había muerto.
Su innegable muerte en vez de repentina en realidad - creo que a su pesar- se produjo paulatina e invariable como la sucesión de días en el calendario y el rosario de constantes decepciones que parecía ser lo único que le enviaban, y con lo que se divertían, los dioses.
La improbable fecha y hora hay que fijarlas a cuando en ella la indiferencia venció al dolor por las cosas que le habían estimulado mientras fue quien creyó ser; cuando descubrió que caminaba como un ser hueco con dos pies zurdos o con los zapatos equivocados de pie; que en el habitaba esa sensación irreparable de qué nada ya lo llenaría, que sus movimientos eran los de un escualo entre los náufragos de su memoria. Cuando las alternativas se redujeron sólo a dos: seguir viviendo o el suicidio.
Así qué el día que definitivamente dejo de aspirar su estimulante cigarrillo y de imaginar sus peculiaridades absorto en las grises formas abstractas del humo atravesando el techo, los trenes continuaron llegando y saliendo a su hora inexperta, los mercados de valores abrieron para seguir repartiéndose los dividendos de sus contradictorias despreciables especulaciones; los periódicos nacionales no detuvieron sus rotativas y en sus portadas se hacían eco de algún drama local y, como siempre, los locales en las suyas hablaron de los grandes temas nacionales.
En la calle la gente prosiguió yendo y viniendo ocupada en sus cosas como cualquier día, con sus caras tan anónimas como sus existencias, incapaces de producir un recuerdo y menos confusas nostalgias.
Pero eso sí, alguien me contó que ese mismo atardecer sobre los semáforos de Memphis- Bilbao el cielo en el que como en una acuarela se iba mezclando el azul celeste con los inmensos amarillos hasta que el rojo encarnado acababa ocupándolo todo, hubo nubes que impidieron contemplarlo e incluso alguien escuchó llover.
Desde entonces, cuando oigo trenes me parece como si huyeran para no darme la razón; si una extraña fuerza me impulsa a girar la cabeza es para reconocer a su espectro hablando en voz alta y blasfemando dentro de un bar, en mitad de un corro de parroquianos que frente a una copa discuten de futbol, por la mal nacida política o del confuso reparto en una vieja película.
Su recuerdo ruge sin ser convocado cada vez que al finalizar de hacer el amor, algunas en lupanares con ventanas a la calle y cortinas como en los hogares burgueses, ella, -como si invariablemente terminaran fundiéndose para acabar siendo siempre la misma- la mujer responsable de meter las balas para jugar a la ruleta rusa, comienza a hacer predicciones e incluso me quiere adelantar el futuro.
Inesperadamente siento su presencia siempre que como él tengo que mirar al cielo para despejar si volverá a llover sobre mojado y me quedo embobado viendo como el azul celeste se torna en tenues amarillos que acabaran tiñéndose de rojo fuego cuando aparezca la primera estrella.

viernes, 3 de abril de 2009

MONIKA



Y nuestros sexos en espiral piensan en voz alta vocales mudas
escapando por nuestras bocas abiertas hasta la extenuación,
en las que sorbemos con la lengua las yemas de los dedos
que se cuelgan de sus labios y las agrandan,
desencajando aún más dos rostros contraidos por el éxtasis
de un nudo de venas escurriendo todo su húmedo contenido
como una cascada imposible a la que practicar un torniquete.

De pronto, nuestros cuerpos se sacuden
como dos sombras atrapadas en el sol.
Deslumbrado cierro los ojos para admirar un sanguíneo universo
palpitando en mis párpados. A oscuras recupero próximo el sonido
de tu respiración; luego, la punta de tus cabellos mojados
desplomándose como un aguacero, rocía mi pecho nuevamente retorcido
por esta pequeña repentina aún más grata impresión.

Y afuera, la ciudad con sus luces nocturnas parece una salamandra
desparramada a la que es imposible ubicar los ojos.
Los trenes han dejado ya de pasar y bajo tu ventana la calle
estira más su tenue soledad con el lucernario resplandor de las farolas.
Cuando llegué y me esperabas tras la puerta entreabierta,
te besé y te avisé de que había un escalón suelto en la escalera.
Tú buscaste predecir en mi rostro qué tipo de paso traigo hoy.
A fin de cuentas, somos dos personas que no sienten miedo a haber vivido,
sólo, a las que da vértigo y lastrada pereza
sospechar que aún les puedan quedar más vidas por morir.

miércoles, 25 de marzo de 2009

hay noches

ianire sagasti


Hay noches en que los sonidos
se reconocen con tal claridad
que parecen descubrirse con la percepción
de los sentidos un animal salvaje.
El murmullo lejano de voces
tornándose en repentino estruendo
al abrirse la puerta del bar,
que deja escapar los ecos de música
inundando las solitarias calles
como un vomito sanguinolento
con manchas de humo y hedor a alcohol.
El taconeo lejano de unos pasos
a los que inmediatamente pongo sexo.
El suave ronroneo del motor de un coche
de policía pasando despacito.
El siniestro silbido del batir de las negras alas
de los demonios que persiguen a una ambulancia.
El chapoteo húmedo de una manguera remota
que borra las pisadas del día hasta convertirlas en barro
cayendo como una cascada de cadáveres por la cloaca.
Los sucios pensamientos y las bonitas palabras
que viajan en la parte de atrás de los taxis,
apurándolos para que no respeten los semáforos
con muestras esdrújulas de mal disimulada ansiedad.
Hay noches que no necesito salir para saber que estáis haciendo,
de que habláis.
Hay en la noche
cosas que no descubro durante el día.
Puedo saber que pensáis.

martes, 17 de marzo de 2009

he olvidado tu cara



ianire sagasti






He olvidado tu cara como uno de esos papelitos
que se me pierden en los bolsillos
con un número de teléfono sin nombre.
Sin embargo, sé que fuiste diciendo por ahí
que abandonarte fue como que pasara de vivir
en un ático del centro de la ciudad
a dormir sobre un lecho de cartones
bajo un puente de la autopista.
He de reconocer que desde que no abduces mis noches
he perdido la prisa y las ganas de seguir siendo bueno.
En mi cabeza arden torbellinos como vendavales de deseos
de abrir la puerta de los taxis cuando pasa un motorista,
de ser yo el que escupa en la mano de las gitanas,
de recortar con tijeras tu silueta en nuestras fotos.
Sé que tengo cara de ingenuo equinoccial
y la tristona mirada del que invariablemente se enamorara
de la chica encargada de meter las balas
para jugar a la ruleta rusa.
No fuiste mi primer error y confío en que no seas el último,
pero tenia ganas de volver a sonreír.
Bendita sea la calle que vuelve a arder
al ver como me alejo
abandonando tu equipaje en su mitad.

viernes, 13 de febrero de 2009

nadie escarmienta en cabeza ajena (revisado)

foto de Rober Barret
Nadie escarmienta en cabeza ajena
En cuanto aprendas a limpiarte el culo,
a atarte los zapatos y a partir la carne
tú solito,
habrá llegado, al fin, ese día que dará inicio
al resto de tu existencia,
esa que te llevara a todas partes
y en la que puede ocurrirte de todo;
y en la qué, mi pequeño,
espero tengas buen juicio
para no acabar pidiendo la hora
bramando subido a la cruz que tu mismo te erigiste
“¡¡¡Eli, Eli lama sabactani!!!!”.
Pero de nada sirven los consejos,
sobre todo porque no sabría cual darte primero,
y porque, a tu edad, yo también huía de ellos
como de pisar cristales descalzo.
Asi que calculo que será tu propio destino
al que te aliaras clandestinamente
para ir poco a poco descubriendo por ti solo
que es más emocionante
que no sepa donde ni con quien estás.
Y lo único que podré desear
como una plegaria para que deje de llover
es que no se te revele demasiado pronto,
que existen amigos sólo de palmadita en la espalda
cuyo ánimo es como morir en tierra extraña,
mujeres sin brazos pero con cartera hambrienta
como la vanidad de su amor propio;
noches que no querrás que acaben nunca
en las que terminaras adorando de rodillas frente a un bidé
del sucio cuarto de baño de algún antro
blancas líneas como las que dibujan los aviones en el cielo;
que el reflejo que devuelve tu espejo
puede llegar a ser la cara del fracaso,
de la soledad, de la resignación,
o, aun peor, la de un desconocido.
En el caudal de libros prohibidos que vas a probar
hallaras, en cuanto busques la verdadera verdad,
que sus páginas están siempre en blanco.
Nadie escarmienta en cabeza ajena
ni puede vivir una vida que no es suya,
y tú, como hicimos otros antes
“has venido a llevarte la vida por delante
y a salir a hombros por la puerta grande”.
Asi, que imagino que más de una noche,
a esas horas en las que, parece ayer,
ya llevabas un buen rato dormido,
tendré que abrirte la puerta,
y descubrir, en la palidez enfermiza de tu joven rostro,
unos ojos extrañamente enrojecidos
que cuando acierten a crear un mirada
será entre avergonzada y retadora.
Yo, como harás tú
no escarmenté nunca en cabeza ajena
e hice también por vivir mi vida.
De eso hace ya cuarentaitantos
y aun de vez en cuando continúo entre equilibrios
no encontrando las llaves en los bolsillos,
o lo que es peor, sin dar con la cerradura y sin nadie
que termine por abrirme ninguna puerta.

jueves, 5 de febrero de 2009

conversando con mi verdugo



Se me hizo curioso que el verdugo mostrara interés
por saber si me encontraba bien.
Le respondí como si no se tratara de él
que estaba harto de vivir momentos históricos.

- Tranquilo –respondió- tampoco el futuro
es lo que era. No tardaran en enviarnos de nuevo
a un falso Mesías; al autentico,
lo han dado por desaparecido
desde que alguien tuvo la brillante idea
de contarle lo que de él se esperaba.

No convencido por esta interpretación,
pero menos inquieto
por saber que no soy el ansiado,
le replicó en pie sobre el cadalso:
-¿es esto el tiempo?

Leo en su mirada,
a traves del verduguillo
con diseño de calendario,
fingir no haber oído nunca
esta misma pregunta.

-¿Tienes en tu agenda de sueños
alguno aun por visitar?

- Me conformaría con volver
al momento justo de inmensa satisfacción
mientras cometía aquello por lo que me habéis condenado
y a lo que no dejáis de referiros como crímenes,
profundos actos de amor en realidad.

- ¿Reconoces entonces tener las manos
manchadas de sangre….

-Después de cada acto me las limpiaba
y por lo que intuyo no sabes, pero deberías,
que siempre destruimos lo que más amamos;
y ya que lo dices, por lo que das a entender me desprecias
porque sabes que yo disfrutaría con tu oficio.

- ¿es esa tu ultima voluntad? estás loco.- se atreve a volverme a sentenciar,
pero lo que realmente me molesta
es ese movimiento con la cabeza
negando una y otra vez
como la afirmación de que rehúye de desear entender.

-loco esta quien puede no quien quiere,
además el sentido común es una peste,
y tú eres la cordura de la que huyo,
querido colega matarife.

-¿Por eso has pasado media vida evitándome?






-Perdona – le interrumpo- no es como lo quieres ver,
tú y yo no nos parecemos
a pesar de regentar negocios en la misma calle;
para ti esto es la parte engorrosa de tus funciones
y para mí sería un placer; tú necesitas este trabajo
para sobrevivir, y yo, no puedo
pensar en hacer otra cosa en todo el día;
tú sudas mientras yo me correría,
tú recordaras esta conversación,
yo no olvido nunca una cara.

- ¿Sabes que vas a morir?

-¿Y mis clientes no vivían temerosos de la parca?
Lo que hice fue introducir en sus vidas,
para que al final nadie me lo agradezca,
la inesperada sorpresa de “¿quien les iba a decir?”
que finalmente no se despedirían
porque el inmenso dolor en el brazo
se lo impidiera; que no sería un despiste tonto
sobre cuatro ruedas
lo que les llevará al traje de madera;
y si alguno, ya no vivía contento
le he ahorrado la última penalidad
de explicarse en una carta…

-por cierto, como el momento se acerca
¿tienes algo más que decir?

-la falta de arrepentimiento es mi despedida

-¿sabes que iras al infierno?

-conozco mas gente allí que en la gloria….






de mi amigo barret.....



Óscar Alberdi: he aquí un hombre que resiste ante los indeseables, los tontos, los malnacidos, y toda la escoria que nos rodea. Aguanta sus noches con su whisky favorito -Lagavulin-, su pinta de cerveza tostada, o también cerveza negra. Rara vez calma su sed con cerveza rubia. Pero si es rubia en forma de mujer lo aguanta con buen grado. Fuma "Habanos" en cantidades industriales, y como si de un ave mística salida del averno se tratase, Oscar -ecce homo- Alberdi, resiste impasible ante todos los avatares que la vida le ha puesto con zancadillas continuas. Un hombre hecho a sí mismo a base de golpes, zurriagazos varios de bar en bar, y algún poema escrito en los aposentos de una habitación vacía a las 4 de la mañana.
Él ha venido para presentarnos sus poesías en forma de papel, que próximamente tendrá el honor de publicar, y nosotros de leer...
http://poemasdeunasesino.blogspot.com/
Un personaje parecido, que últimamente me tiene intrigado, y que se parece mucho a este hombre de profundas convicciones ancestrales, es el denominado "Tío la Vara", un vengador a la española.
http://es.youtube.com/watch?v=PTZUAFZ-Ctk
http://es.youtube.com/watch?v=5Kd19QwiQOc

jueves, 29 de enero de 2009

desde entonces


Desde entonces
todos los días son áridos domingos
por los que transito entre la pereza al futuro
y una aterradora falta de cariño.
Habito a oscuras
al acecho
en el hueco de las escaleras,
en el liquido derramado de un vaso
sobre la barra de cualquiera de los bares
de los que me terminarán por echar para poder cerrar.
Desde entonces
las proposiciones de amor que hago
fluyen sólo de cintura para abajo
como el sonido del aleteo nervioso de palomas
con alas incandescentes
bebiendo apretadas en una fuente de un solitario parque.
Y es que he olvidado como no recordar,
y tú eres lo único ya que me daña.
La mayor puta a la que he amado.

Se que parte de la culpa la tuve yo;
confundí el mañana con el movimiento en tus glúteos
de esa carne voluptuosa que es tu mejor reclamo,
y desde entonces ya sólo persigo
con una sonrisa ensayada
el rastro caliente de cuerpos aun candidos
a los que abandono nada mas terminar
sin haber preguntado su nombre;
las gitanas no leen ya de mi palma
sino que me muerden la mano;
la misma con la que sondeo el fondo de los bolsillos
intentando entre equilibrios encontrar unas llaves
que antes usaba para abrir cada noche
las puertas de una pensión llamada Paraíso.

Lo fuiste todo para mí.
La sorpresa en el altar, la viuda en mi funeral,
tratar de atrapar fuego con la punta de la lengua.
Me compadezco de mi sentimiento de culpa
y comienzo a barruntar seriamente la posibilidad
de que todo acabaría si matara a alguien;
asi dejarías de ser lo único que aun me daña
aunque eso si, seguirás siendo la mayor puta a la que he amado.

martes, 6 de enero de 2009

PRESENTACIÓN DE COMIENDOS PELOS COMO HEREJÍA POÉTICA EN BARCELONA
PRÓXIMO MARTES 27 DE ENERO.PRESENTACIÓN DE COMIENDO PELOS COMO HEREJÍA POÉTICA EN BARCELONA.
El próximo 27 de enero, se presenta en la Sala María Aurelia Capmany del Pati Llimona de Barcelona, con la colaboración del Museo de Poesía de Cataluña (MUPOCAT), el libro Comiendo Pelos como Herejía Poética, publicado por Ediciones Atenas, y cuya autoría comparten Cesc Fortuny i Frabré y Marian Raméntol. La hora de la cita es a las 19.30 horas.
En la presentación contaremos con la colaboración especial del grupo METAL ORIENTAL, del antólogo, Andreu Navarra y del editor, José María Pinilla.
Desde que empezó su andadura, en Junio de 2008, Comiendo Pelos como Herejía Poética no ha cesado de darnos satisfacciones, expandiéndose por la red y teniendo una gran aceptación entre aquellos que se han aventurado a su lectura, ahora ya falta muy poco para que se vista de gala y acuda a su presentación oficial en sociedad.27 DE ENERO DE 2009LUGAR: CENTRE CÍVIC PATI LLIMONA. C/Regomir, 3. Barcelona.Sala: María Aurelia Capmany a las 19.30 horas.Cómo llegar:Metro, Línea 4- parada Jaume IAutobuses: Parada bus: Via Laietana (Jaume I-Pl. Emili Vilanova)Línies: 17 (BARCELONETA - AV. JORDÀ) 19 (EL PORT VELL - SANT GENIS) 40(PORT VELL - TRINITAT VELLA) 45 (PG. MARITIM - HORTA) 120(MERCAT DE SANT ANTONI - MERCAT SANT ANTONI)OS ESPERAMOS A TODOS!

lunes, 5 de enero de 2009

Tan difícil como arrancar una pluma de las alas a un ángel en pleno vuelo


Tan difícil como arrancar una pluma de las alas a un ángel en pleno vuelo


Tan difícil como arrancar una pluma de las alas
a un ángel en pleno vuelo,
es explorar el intenso vértigo que desnuda mis brazos
en el justo instante que los abandonas nuevamente,
exagerando el vacío que los estremece
cada vez que retornas a ser
alguien del que sólo sé que estará bien
por la ausencia de noticias.

Esta verdad nació en el mismo útero,
deshabitándolo de cualquier otro entendimiento,
y asi, he tenido que aceptar tener dos hijos
no habiendo conocido la coexistencia de ambos
hasta que el convivir cotidiano se transformó,
por confusiones del futuro, en escasas pocas horas
de querer apresuradamente fingir, con forzada madurez,
que todo es normal, y no saber que contarte primero
en cada despedida que podría ser la ultima.


Hasta que las noches de vigilia
consolándote entre mis brazos
se convirtieron en unos pequeños dedos
abandonando mi palma al desamparo de una súbita intemperie
frente a una puerta repugnante; tras la que una invisible orden
me impide acompañarte, aunque sea
con la discreción de un espía, para tan sólo contemplar como te duermes;
en vez de imaginarte de regreso sobre la que fue tu cama
continuar, sin que nada se hubiera extraviado, soñando.

Ese otro niño desconocido se ha criado a espaldas
del mundo que contempla su padre con los ojos cerrados,
detenido ante un deshabitado parque de juegos,
velando, como si agonizara, a un inmóvil solitario columpio.
Corre bajo las aceras como los niños no vivos
van hacia el mar empujados por la corriente
de las alcantarillas de los oscuros presagios.


Instintivamente acude su presencia a mí
cada vez que paso junto al patio desierto de un colegio,
que muestra su firmamento de silencio
escarbado en la ausencia del griterío alegre
que amordazan las aulas;
está siempre en mi mano que se asusta
y en un acto reflejo se alarga cada vez que un niño
se suelta de la mano de su padre a mitad de cruzar la calle
para llegar corriendo solo hasta el otro lado.