sábado, 16 de mayo de 2009

bilbao o mi ciudad interior
















fhoto by robert barret


A mi ciudad le huele el aliento

y ese hedor flotando tiñe su de por si extraña luz

obligándonos a vivir como si viéramos

atraves del cristal de una botella de absenta.

En esta ciudad oír el canto de un pájaro

resulta esperanzadoramente ridículo,

pero mayor absurdo es que críen en ella

su estirpe heredera de negras alas.

En la ciudad que vivo el sol no es real

y calienta sus sombrías entrañas

aspirando el humo de un tubo de escape.

Todo el mundo que habita en ella, como forasteros

de toda la vida de aquí, cree tener derecho

a que les corresponda un billete premiado de lotería

al doblar cada esquina.

Por ejemplo, los suicidas

siempre fracasan al primer intento

y prueban a empezar a vivir una nueva vida.

La lluvia sirve de inspiración a los paraguas

y alimenta los charcos para recordar a los transeúntes

que tatúan el suelo de la acera con sus pisadas

el espectro de un destino que camina

sobre los retazos de los reflejos a blanco y negro

de las nubes y los claros del cielo bajo sus pies.

En mi ciudad no existen los milagros

y sin embargo todos los días

leo en el periódico que ha ocurrido alguno.

Un Dios infraordinario

como el logotipo de una gran empresa

busca solar vacío con el que especular

con su inédito retorno.

Oigo a los que la critican decir que no tiene alma

pero lo que yo siempre le he echado en falta

como en una carta el remite,

como en una puta

de la que siempre me estoy despidiendo,

es que no tenga corazón.

Esta ciudad que presiente el océano

como sueñan las estrellas de mar

con viajar a otra Vía Láctea,

te da una paliza que rompe todos tus huesos

y sádica espera paciente, como un lagarto

contempla un escaparate con los maniquís desnudos,

a que se te suelden para con furia volvértelos a partir.

Vivo en ella sin que nadie me necesite

y todos los días parece precisar de mí

como yo de las farolas encendidas

y las nocturnas calles desiertas.

Las estrellas que transitan su cielo

parpadean puestas en contacto con la torre de control.

Esta ciudad bisexual travestida nunca cede el paso

y no se esfuerza por disimular

que puede perder los nervios con la facilidad

de un desertor de peatón al volante.

No tiene ojos para mirarla a la cara

pero la reconozco en cada rostro sin nombre como ella

que me cruzo con mirada apesadumbrada

de Ángeles recién desterrados

saliendo de los huecos edificios del centro

con aspecto de cartón piedra;

en el constante vomito de mansedumbre

de la boca del metro o de los andenes

de urgencias donde las ambulancias

entregan su carga con sobredosis de dolor;

en la atmosfera bucólica de entre guerras

de los parques con un banco bajo un árbol

y parejas paseando, con columpios y ruidosos niños

- por todos es sabido que lo niños no nacidos

corren vestidos de primera comunión por la cloacas-;

cuando entro en un baño donde alguien olvido

tirar de la cadena o me preguntan

por una dirección equivocada;

en la jeta que se me queda

al responder a una llamada de teléfono

con número oculto y una voz femenina

me confirma que la oferta promocional

concluyo sin que pasara a recogerla.




Para Txemi del Olmo

3 comentarios:

Ana Muela Sopeña dijo...

Un poema muy bueno, Óscar. Y es que Bilbao es una ciudad caleidoscópica en la que se puede encontrar de todo.

Un abrazo
Ana

Marian Raméntol Serratosa dijo...

Me encanta verte de nuevo en la brecha, Oscar! como va todo?

Un super abrazo
MArian

Anónimo dijo...

Para Txemi del Olmo, el hombre sin puntos, miles..., qué digo, millones de puntos y muchos más poemas. Este caballero se merece todo y más.

Óscar, es de bien nacido ser agradecido, y tú lo eres, jejeje.

Un besazo a los 2.

La del índice en la cara murmurando: "Alberdi, Alberdi...". ;-)