viernes, 13 de febrero de 2009

nadie escarmienta en cabeza ajena (revisado)

foto de Rober Barret
Nadie escarmienta en cabeza ajena
En cuanto aprendas a limpiarte el culo,
a atarte los zapatos y a partir la carne
tú solito,
habrá llegado, al fin, ese día que dará inicio
al resto de tu existencia,
esa que te llevara a todas partes
y en la que puede ocurrirte de todo;
y en la qué, mi pequeño,
espero tengas buen juicio
para no acabar pidiendo la hora
bramando subido a la cruz que tu mismo te erigiste
“¡¡¡Eli, Eli lama sabactani!!!!”.
Pero de nada sirven los consejos,
sobre todo porque no sabría cual darte primero,
y porque, a tu edad, yo también huía de ellos
como de pisar cristales descalzo.
Asi que calculo que será tu propio destino
al que te aliaras clandestinamente
para ir poco a poco descubriendo por ti solo
que es más emocionante
que no sepa donde ni con quien estás.
Y lo único que podré desear
como una plegaria para que deje de llover
es que no se te revele demasiado pronto,
que existen amigos sólo de palmadita en la espalda
cuyo ánimo es como morir en tierra extraña,
mujeres sin brazos pero con cartera hambrienta
como la vanidad de su amor propio;
noches que no querrás que acaben nunca
en las que terminaras adorando de rodillas frente a un bidé
del sucio cuarto de baño de algún antro
blancas líneas como las que dibujan los aviones en el cielo;
que el reflejo que devuelve tu espejo
puede llegar a ser la cara del fracaso,
de la soledad, de la resignación,
o, aun peor, la de un desconocido.
En el caudal de libros prohibidos que vas a probar
hallaras, en cuanto busques la verdadera verdad,
que sus páginas están siempre en blanco.
Nadie escarmienta en cabeza ajena
ni puede vivir una vida que no es suya,
y tú, como hicimos otros antes
“has venido a llevarte la vida por delante
y a salir a hombros por la puerta grande”.
Asi, que imagino que más de una noche,
a esas horas en las que, parece ayer,
ya llevabas un buen rato dormido,
tendré que abrirte la puerta,
y descubrir, en la palidez enfermiza de tu joven rostro,
unos ojos extrañamente enrojecidos
que cuando acierten a crear un mirada
será entre avergonzada y retadora.
Yo, como harás tú
no escarmenté nunca en cabeza ajena
e hice también por vivir mi vida.
De eso hace ya cuarentaitantos
y aun de vez en cuando continúo entre equilibrios
no encontrando las llaves en los bolsillos,
o lo que es peor, sin dar con la cerradura y sin nadie
que termine por abrirme ninguna puerta.

5 comentarios:

víctor vergara dijo...

Buen final.
Ni llaves ni cerraduras, y ahí estamos sentados en el escalón de la entrada hasta que quiera amanecer, si es que amanece.

Te asiste la colaboración impagable de barrett ¿ehh?

Elisa Berna Martínez dijo...

Tú si que estás que te sales ultimamente eh?? Y cada poema superando al anterior. No sabía que tenías un fotográfo particular persiguiéndote allá donde vas. Habrá que hacer fila a tu puerta?

Un abrazo!

Anónimo dijo...

Jop si algun dia ese niño puede comprender la mitad de el amor que trasmite esto sera el hombre mas feliz de el mundo.

DIVISIÓN ROBER dijo...

Me ha gustado en sobremanera tu exposición de la vida de un mortal con brazos, piernas, cerebro, pensamientos y sentimientos. Eso es lo que somos, no sólo pedazos de carne, mujeres asexuadas, hombres albergando miedos hacia el mundo que les han construido a sus espaldas, bocas tapadas y sexos putrefactos.

Bueno Alberdi, ya sabes que el fotógrafo pesado estará ahí para sacar el mejor perfil.

Saludos psicodélicos de mi inseparable "Syd" Barrett.

Marian Raméntol Serratosa dijo...

hiciste bien, hará bien, y no está mal tener una pequeña bitácora como guía...

Un abrazote
MArian