sábado, 28 de junio de 2008

MENDIGOS


No digo que sea siempre, pero

muchas de esas noches

en que regreso a casa, derrotado,

sólo, como el único superviviente

de una raza de trasnochadores

envilecidos por el alcohol y el ansia

de haber querido estirar la noche

hasta extinguirla apurando la madrugada,

los descubro como estatuas yacientes

sin acabar de desembalar,

ocupando rincones escondidos

como hojas secas

que se me asemejan a extrañas flores

desperdigadas sobre las aceras

o en solitarios bancos de jardines

en un otoño aparcado en una memoria ajena.




Los contemplo breve rato

no vaya a ser, como ya me ha ocurrido

en otras ocasiones, que mi falta de delicadeza

tropiece sin saber de pronto como comportarse

ante dos retinas de vida ajada,

levemente brillantes

que me devuelven la mirada desafiantes




Entonces, agacho la cabeza

y reemprendo mas vivo

el paso confundido y aturdido,

abrigando como venganza por mi rubor

la canalla burguesa convicción

de ser más digno,

arrojada como una limosna de desprecio,

por no haber acabado,

ni pensar en que alguna vez lo aceptaría,

viviendo como uno de ellos




Lamentando con avaricia,

como única e inconfesable envidia,

no poder hacerme yo también

con esos magníficos ojos

de mirada clavada mas allá de la lejanía,

para poder ver con tono de revelación sin bordes

lo que el resto considerara una locura

ajena a este mundo y a sus esclavitudes.

2 comentarios:

Elisa dijo...

No digo que sea siempre, pero muchas veces hemos sido mendigos bajo la falsa apariencia de la normalidad. Y hemos llevado esos mismos ojos ajados, y suplicado en silencio una limosna. Eso sí, quizá, no hayamos dado jamás con la llave que abre los candados, la lima de los barrotes que separan de la libertad.

Un abrazo!

oscar dijo...

gracias elisa
dame tiempo y conseguire abrir un archivo y mostrar tus poemas...que lo sepais esta mujer escribe que te mueres