miércoles, 24 de septiembre de 2008

la virtud del asesino



Los recuerdos terminan por ser lo único
que llena los vacíos bolsillos del asesino.

Visito lugares que abandoné
esperando reencontrarlos como los dejé,
No me seduce la idea de pasar otra noche solo.
Los paraguas abiertos son una invitación
para que las hojas hagan románticos montones
junto a los bancos retirados de los parques.
Cabizbajo, patento mis ganas de otro cuerpo
con miradas solicitas a las solitarias huéspedes
de la barra del ultimo bar en cerrar.

Mi mayor virtud son mis pecados
y el mayor de ellos la sinceridad.

Mi cuchillo se hunde en tu blanca piel
deshaciéndose como grises cenizas
de las que estallan miles de brasas
que se multiplican chispeando sobre nuestras cabezas,
amenazando con metérsenos entre los cabellos
como la punta de mis dedos buscó en tu pubis,
efervescente e incandescente bajo las sabanas
y entre los filamentos de secuencias de mis sueños.


Contemplo como te alejas,
y antes de que desaparezcas tras la esquina
tu rostro es como el de un retrato.

lunes, 22 de septiembre de 2008

no sé decir no




A vueltas sin saber si es virtud o vicio,
a medio camino entre dar o recibir,
mi mayor defecto según mis mejores enemigos
es que no sé decir no.

El hilo de negra sangre colgando de mi nariz,
que limpio mirándome en el espejo del ascensor
antes de entrar en casa de madrugada,
os certificará que no me resisto a ninguna invitación
para ir a la puerta del bar o a sus lavabos.

Así es como busco también el amor
-o si lo preferis, la vida-
entre mujeres que nunca dijeron que no.
Bellas estupidas y conflictivas mujeres
de ojos sin vida y pechos como nubes
de los que los incautos se enamoran
para acabar deseando estrangular.

Debe ser que tengo dos manos izquierdas
y es por ello que no puedo asir la barandilla
de la escalera de la salvación ni del cadalso.
Que me desenvuelvo con extrema torpeza
y cuando señalo algo que ambiciono
parezca estrábico, y Dios no acierta con lo que le pido
o, posiblemente, me castigue concediéndome
los juguetes de mis suplicas
pero desprovistos de alma
que llene ese absurdo vacío que cree necesitarlos.



jueves, 18 de septiembre de 2008

caminar descalzo por las calles


foto rober barret




Hay mañanas que me apetecería
dejar mis zapatos en casa;
caminar por las calles descalzo.
También me gustaría no ponerme la ropa,
pero quizá pueda ser que yo o mi pudor
no estemos aun preparados.
Seria una manera de contrarestar
que duermo todas las noches vestido
estirado sobre la cama sin abrirla,
asumiendo estar preparado para la muerte.
Bueno, no sé mentir y ser convincente a la vez,
asi que he dejado de pensar en ciertas cosas,
incluidas muchas de las que antes me gustaban.
A pesar de ello sigo albergando
la honda esperanza
de no haber vivido en balde
y que llegare a oír algún día
las palabras que bastarían para sanarme.

CORRO


Nunca he sido bueno

y ahora no me queda ya tiempo

para serlo.


Lo sé, porque he llegado a ese momento

de censar mis arrepentimientos

y dudo

de cuales poner primero.



Si los de lo que no hice.

Si los que hice sin pensar.

Si los que aún sigo lamentando.



Aún así, vendo cara mi cínica piel.

Si hay algo que no he aprendido

lo invento.


Me han salido previsores ojos en el cogote

para huir de los incendios,

de los derrumbes,

de quedar atrapado por los escombros.



Corro,

corro hacia delante,

por lo que parece un estrecho pasillo.

Siempre

ignorando si encontrare una puerta

o una ventana.

Nocivo


Tengo la impresión de que en cada cosa

que he emprendido en mi vida

ha habido algo nocivo desde el principio.




Quizá sea que cuando exhale

la primera bocanada de aire,

trague la caliente cola de una nube tóxica.



Así que la impronta que dejo en todo lo que toco

es la de una huella contaminada.




Siempre, he deseado haber podido caminar inmaculado

sobre los cadáveres que exigía mi propia supervivencia,

y lo único que anhelo ahora

es deshacerme de mi piel.




Mudarla como si fuera un lagarto.

¿No basta con vivir sólo una vez?.

Se puede vivir preguntándome siempre

¿saldré de esta?.

miércoles, 10 de septiembre de 2008


En el piso de arriba
el llanto de un niño
es el preludio de unos pasos
que caen de una cama
y soñolientos por el pasillo,
con el pecho abierto,
acuden a depositar
de nuevo en su cuna al silencio.

Los sigo con los ojos por el techo
extendiendo unos invisibles hilos
de ansiedad de fundirme
en ese extrañado calor
mezclado con tu olor.

Me incorporo como lo hacen los elefantes,
girando mi cuerpo
para poner mis pies descalzos
sobre la alfombra de Aladino;
enciendo la luz de la mesilla
y busco donde apuntar;
así es como comienzo mi carta a Peter Pan

-“había un niño que no sabia realmente de su padre
pues este se hallaba preso en el castillo de una malvada bruja”….-
no eso no, mejor decir …”que estaba en manos de unos crueles piratas
que secuestraban el tiempo de estar con su hijo
y las noches las pasaba escribiendo cartas
al niño que nunca termino de conocer
y los días mirando a través de los barrotes viendo a los buques partir del puerto
preguntándose si alguno de aquellos viajaría al mismo país
donde habita a quien él nunca dejaría de querer…”

…“en su mente convivían dudas dispares
que lo atormentaban
y otras veces lo consolaban,
como saber si libre al fin de su cautiverio
reconocerían sus ojos a los de su niño
o encontraría por el contrario los de un hombre,
con la cabeza ocupada en las cosas que los hombres la tienen,
con la mirada poco sincera y huidiza
de quien ya ha probado la verdad y la mentira,
si ya no le hará falta quien le enseñe nada
o no precise escuchar ya a nadie”…




…“lamentándose de su suerte efímera de saberse padre
y sino seria mejor unirse a los piratas
para condenarse eternamente a vagar por los mares
procurando combatir la soledad
haciéndose amigo de alguno de los gordos Ángeles
que se sientan en los mástiles sobre los aparejos de las velas,
con mal disimulada falta de curiosidad,
a contemplar como los mortales se afanan en sus labores”…

miércoles, 3 de septiembre de 2008

MANO IZQUIERDA (revisado)


Últimamente venía notando

que mi mano izquierda

ha comenzado a hacer cosas

que no la había enseñado.

No sé desde cuanto tiempo atrás

lleva instintivamente abriendo puertas,
estrechando manos,

indicando direcciones.

Efectivamente nadie la había educado

ni preparado para esos cometidos,

pero como tampoco la mano diestra protesta

(quizá cansada de ser toda la vida

la que se ocupaba de todo

y estar satisfecha por recibir esta inesperada ayuda).

Lo cierto es que no lo hace mal
ni tengo motivos de queja

-no voy a estas alturas a ser quisquilloso
ni me voy a preocupar con que mejore

más mi extrema torpeza,
cuando toda mi vida ha sido algo

por lo que ya he sido criticado-

asi que la permito que sea ahora

ella la que me acaricie,

la que firme en mi nombre y la que empuñe

la maquinilla de afeitar.

Incluso accedo cada noche

a que sea la que escoja

el pasaje de la Biblia que vaya a leer.





Fue de esta manera como de un tiempo a esta parte

es mi mano izquierda la que corta mi destino

para que la pitonisa de turno me eche las cartas;

mientras, la derecha, desplazada de sus buenas costumbres,

paga la cuenta o recoge las ganancias de una mesa,

o cuando la izquierda se ve obligada a protegerme el rostro

ella nos defiende a ambos de un equivoco con los acreedores.

La izquierda rápidamente busca argumentos

que sorteen la negociación de mis apuestas sin límite

dando al resto de órganos lecciones canallas

sobre como escapar por la puerta trasera.

sin dar explicaciones, y otras cosas que no nos cuenta.

No cabe en mí la menor duda moral de que en mi final

sea mi diestra la que recupere el protagonismo en nuestra despedida

pues la zurda ya sólo vive con pasión

para escarbar lentamente una tumba.

sábado, 30 de agosto de 2008

EN DIAS QUE LLUEVE


A veces, por ejemplo en días que llueve,

me gusta quedarme en casa

mirando por la ventana

embriagado por esa sensación de frío

que da ver la calle mojada

a través del cristal empañado,

ajeno al optimismo y al pesimismo.

Me encantaría poder vivir así,

viendo pasar la vida como una panorámica

por el ojo de buey de mi submarino,

contemplando la caleidoscópica visión

del fondo del mar como un souvenir

ajeno a las ilusiones y al desaliento.

O mejor en mi propia pecera y ser un pez

ajeno a tener que entender nada

y a no saberlo todo.




Hay días en que miro por la ventana

y veo posarse en los tendales,

junto a las blancas sabanas

y al suave olor de la ropa recién lavada,

a mi alma secándose al sol

ajena al pudor de mi cuerpo.





Hay días en que no tengo nada mejor que hacer

que asomarme a mi ventana

a echar de comer a los sueños

las migas de pan que quedaron sobre la mesa

y a ver pasar con envidia a las nubes

ajenas, tan ajenas!,

a como su sombra se mueve sobre los tejados.



Hay días en que sería mejor no salir de casa,

quedarse sin hacer nada

ajeno al trajín y a la pereza,

mirando por esa ventana

al cielo o a la calle

con la sien apoyada en el cristal;

sin coger el teléfono y sin llamar a nadie,

ajeno al destino de la gente

que se subió a un lejano avión

insignificante en el océano azul del cielo,

que pasa en el interior de un coche,

que cruza con la bolsa de la compra

el semáforo en rojo,

o que golpea la puerta preguntando por alguien,

encogiéndome de hombros

si es por mí,

ajeno a dar explicaciones



2669

Juan es un pedazo de escritor, de lo mejor que tenemos en Bilbao, y eso ya suena de por si grandilocuente y reiterativo. con el aprendí a dar nombre a mis resacas, después de leer su inefable "TRATADO SOBRE LA RESACA", y a reírme sin salir de esta inmensa urbe mientras leía habido su "ALACRANES EN SU TINTA"


colaborador habitual del correo, en su columna he aprendido verdades como la de elaborar correctamente un gin-tonic, aderezando la explicacion con un humor literario fresco y bendito como el mana.


reproduzco una de estas colaboraciones con la que me he desayunado el periódico esta mañana, y que ha conseguido que esboze una sonrisa que me ha durado hasta después de comer....






2669

POR EL INEFABLE, EL INCLITO, EL DE LOS DEDOS VERTIJINOSOS.......

DON JUAN BAS


En 2669 rige los destinos del planeta Euskal Herria Imperio, con capital del mundo en Mondragón, una megalópolis de cien millones de habitantes con denominación de origen y donde se ubica el palacio del emperador Artaburu XXV - por esas fechas ya no se dice lo de por el culo te la hinco porque el ano es un conducto evolutivamente superado- y toda la corte.
Precisamente en Mondragón vive el señor Cordero Artificial, que tiene un reputado restaurante de ultranueva cocina vasca -especialidad, creaciones metagastronómicas con sombras y sonidos- en el exclusivo nivel 19.
Desde hace un nanosegundo luz, Cordero Artificial mantiene una relación de empatía de prótesis y exergonía por exósmosis con la señora Oveja Sintética, un bomboncito de cadmio de 180 años muy bien llevados en teletransportador, pues no aparenta más de 140 y no se ha hecho todavía más que cuatro tonterías de remodelación integral y solamente un cambio de piel.
Cordero Artificial está más loco que una cabra mutante por ella. Esa tarde quiere escaparse pronto del restaurante y pasar la velada entregado al erotismo intercambiando esporas de fantasía por vía clásica, es decir a través del ciberespacio en cuarta dimensión, con su amada Oveja Sintética.
En 2669 el cuerpo humano es biónico en un 80%, se han suprimido los órganos sexuales y de la reproducción se encargan en exclusiva los laboratorios y plantas de montaje de Fagor, la primera macroempresa del imperio.
Pero cuando Cordero Artificial se dispone a conectar los electrodos de la entrepierna a la consola del amor, recibe un correo mental en el disco blando cerebral. Es Oveja Sintética que le dice que pasa de él más que del zope -droga telepática muy peligrosa a la que estuvo enganchada-, cambia de novio y se va a intercambiar esporas con él, mejor dicho, con ello. Le deja por Buey Criogénico, un guaperas del nivel 69 que le ha prometido llevarla de viaje espacio temporal para conocer al semidiós Sabino, el fundador del imperio.
Aunque los dispositivos de bloqueo emocional de Cordero Artificial se activan automáticamente, no resultan suficientes para evitarle todo el dolor y la tristeza de su resaca de amor, que no ha cambiado y es igual desde que la primera pareja humana añadió a la cópula de sus órganos sexuales los sentimientos.

martes, 19 de agosto de 2008

tercera persona






Le arden las palmas de las manos

como si con ellas blandiese la anatomía incierta

de su estéril destino,

como si en ellas estuvieran clavados sus ojos

abriéndose paso entre líneas quemadas

de un futuro remoto.



En sus oídos resuena el eco irreal

de voces y palabras escapadas

para obligarle a revivir un pasado

del que le es imposible zafarse,

y que una y otra vez acude imprevisible

empuñando las letras impagadas

a las que hace frente únicamente

con unos remordimientos sin sinceridad

pues ya nada se puede alterar.



Sus pasos no le llevan a ninguna parte

y él lo sabe bien.

Cada nuevo encuentro es un atraco

perpetrado con la alevosía

de querer abandonar el botín

al doblar la esquina

en una papelera.



No huye deprisa al oír las sirenas;

lo hace con las pisadas lentas

sin dejar huella

como las de alguien que ya esta preso

dando vueltas en su celda.



Su corazón es el ultimo botón

de la camisa de fuerza a la que se abraza

como el que esconde las manos por el frío

o quizá, porque le ardieron como castigo

por haber consumido el accidente

de la vida de un sólo trago.

lunes, 18 de agosto de 2008

LA MUERTE

“Siéntate
a la mesa.
Bebe un vaso
de agua. Saborea
cada trago.
Y piensa
en todo el tiempo
que has perdido.
El que estás perdiendo.
El tiempo
que te queda por perder”

Roger Wolf




Me inquieta en estos días grises,

pero de ineficiente húmedo calor

que nos sume en un sopor expectante,

que la conversación al tomar el café

como cada mañana

gire como es costumbre

a elección del camarero;

a este, últimamente,

al parecer se le abre invariable

la página del periódico

por las esquelas

- o es que se le ha quedado desde hace días

ahí el dedo-

y en vez de como era habitual

comentar las noticias de deportes

se dedica a repasar el censo

de los que ya no entraran nunca más

al Corte Inglés.



Así es como vamos a trabajar,

con desasosiego y sin concentración,

preocupados por tantos como dejan a diario

de fumar.



- no sé si habéis caído en la cuenta

de que últimamente se muere gente

que jamás antes lo había hecho -




Me da por pensar,

-cuando yo a esas horas,

bien lo saben todos,

miro como las vacas al tren -

que habitamos este mundo

como hormigas atareadas

en la entrada del hormiguero

ajenos a nuestra suerte

y al dedo de un niño

que nos fulmina selectivamente

como un macabro juego.



-¿Qué pensara la muerte

mientras nos observa,

indiferentes a ella,

ir de un lado a otro

sin intentar escapar?-




Confío que estos días de viento sur,

de bochornosa canícula que no deja dormir

a los más pequeños por la noche

y asesinan a los viejos en su lecho,

pasen rápido;

eso, o tendré que madrugar más

para ser el primero

en coger el periódico de la barra

y no dejar que el camarero

me joda el día con sus impresiones.


asesino eternamente adolescente


“A hustle here and a hustle thereNew York city is the place where they saidHey babe, take a walk on the wild sideI Said hey Joe, take a walk on the wild side “
Lou Reed





Hago apuestas acerca de cuántas veces

mi mechero se encenderá antes de fallar.

Sobre cuántas veces sonará el teléfono

sin que tampoco esta vez me responda nadie.



Disparo sobre latas vacías

ensayando mí gesto

para cuando realmente me enfrente

en una calle desierta

o en un oscuro bar.



No me hago preguntas.

Intuyo que al final

habrá una repuesta.



Mato el tiempo columpiando las piernas

sentado sobre la rama de un árbol,

mirando pasar las nubes

con una hierba seca entre los labios.




Camino distraído por las vías del tren,

apartándome en el último momento

para dejarlo pasar y contemplar

alejarse el agudo eco de su silbato

sacudiendo mis cabellos.



Tengo la sensación de estar lleno

sin haber derramado aún ni una gota

del contenido de mis sueños.



No me hago preguntas

pues aún no conozco cuánto ignoro

ni debo improvisar deprisa

todas las respuestas.



Soy un asesino

eternamente adolescente.

buscando un camino de regreso a casa






"Yo también pienso en mí cuando te sueño y robo al tiempo todas mis edades para poblar mis íntimas moradas..."


Manuel Altolaguirre




Buscando un camino de regreso a casa (Ulises)




Tantas veces he sentido

el deseo de haber podido nacer

siendo invisible,

transparente

como contemplar a través del cristal de una ventana;

inmaterial como la mágica presencia

de la niebla.

Así hubiera evitado

ser evidente para que se me juzgara

señalándome con una culpa

que, por mi naturaleza

hubiera sido imposible prenderme,

y ninguna razón

habría acabado

hurgando en mi costado

como en el de una aceituna.


En cambio

he pasado la mayor parte del tiempo,

de mi atormentada vida,

preocupado

por esa otra dimensión del hombre común


que me hace sentirme tantas veces de paja

dedicado de sol a sol a alejar los pájaros

que me distraen de mis verdaderas obligaciones

rondando mi mente

que a la vez me traiciona

con el tumor recurrente del recuerdo.



Y, al llegar las noches,

abrazado a mi propia mentira,

como un ser hueco de oxidada hojalata

reclamando un corazón

por el que el dolor

resbale sin empaparlo

como la lluvia

desciende por el cristal.




Al presentarse la mañana,

como un viejo león de circo

vacunado contra el valor,

acobardado frente a un espejo

temiendo enfrentarse a si mismo,

y, en todo momento, como un niño

eternamente buscando un camino

que lo lleve a través del pasado

de regreso a su casa.

reapareces en mis sueños




Únicamente tus ojos clavados en los míos

eran capaces de transmitir tanta complicidad

por explorar sólo en un sueño.

Así, has regresado para formar parte de él,

y mucho, mucho tiempo después,

sin que adivine a explicarme por qué,

los has vuelto a protagonizar.



En esos sueños, procuro ponerme al paso

de tu cálida mirada para medir tus pestañas

que, al cerrar los párpados tan lentamente

como cae el día en un desconocido planeta con dos soles,

arañan mi piel como uñas

dejando al descubierto la fiebre de un abrasador deseo

y la excitación de una cascada de agujas

que recorren desde dentro mi pecho

como agua inquieta buscando por donde salir

e ir a atrapar el olor de tus cabellos con la yema de mis dedos.




Cuando tus ojos de filo de diamante

me descubren te lanzo una sonrisa

a la que desde la distancia, ladeando

levemente la cabeza, respondes

con otra, pero la tuya segura de una victoria;

y, acercándote sin que lo previera,

besas por sorpresa mis labios,

dejando sin palabras

al que siempre tiene respuesta para todo

menos a la pregunta de cuantos besos he recibido

lo fueron con tanto amor como este.



De pronto, surge heladora la certeza,

doblando la esquina como alguien

al que no quisiera encontrar,

acercándose y agrandándose

hasta ser imposible evitar

preguntarme por qué en tu boca hacia calor

si he recordado con súbita amargura

que debería ser tan fría como la piedra

sobre la que el mal gusto de existir

escribió completo tu nombre

y que, en cada aniversario del pasado verano,

adornan con futuras marchitas flores de tela.



Abro inmediatamente los ojos en la penumbra

intentando sobreponerme

a las preguntas bisturí que, poco a poco,

tiran de mí para que me incorpore

como si en vez despertar de un sueño

hubiera caído en otra pesadilla

y, tanteando tinieblas, no supiera de cual salir.

Reinterpreto que has venido a avisarme,

a advertirme, por lo que desde entonces duermo

como un devoto ateo de la vida

camina sonámbulo por la inmortalidad;

tendido vestido sobre la cama sin abrir,

sospechando de cual de mis órganos

será el que al final me traicione.



Para siempre permanecerá en mi conciencia la incertidumbre

de las preguntas que tantas noches desde entonces

han aplazado que pudiera cerrar los ojos tranquilo.

-ya sabes, soy ateo sin convicción-.

La duda real es querer saber si la muerte

se vistió con la imagen que de ti evoco,

si se trata de uno de sus presagios

¿por qué precisamente te eligió a ti

de entre todos los recuerdos con rostro en mi memoria?;

o, ¿ fuiste tu la que se ofreció como voluntaria?;

¿y por qué, después de tanto tiempo,

quisiste regresar sólo para prevenirme

de que nos vamos a reencontrar?



Es cruel reabrir el recuerdo de sueños que tuve

para conseguir que pierda la costumbre de vivir

y me entregue en calma, convenciéndome de antemano,

de alcanzar allí lo que no conseguí en vida.

Aunque puede, finalmente,

que sea que mi necia razón, de vuelta de todo,

la que se empeñe en desconfiar una vez más

y mal interprete lo que mi decepcionado corazón quiere oír,

como es que en esa otra dimensión

confirmará la esperanza que aquí sólo pude albergar en sueños.

viernes, 15 de agosto de 2008

NECESITO VER LAS MANOS DE DIOS






Necesito ver las manos de Dios,

no por haber sufrido un repentino ataque

de arrepentimiento travestido de ascetismo

justo la noche de insomnio en que, definitivamente,

había decidido dejar de fumar

mientras enciendo un cigarro tras otro

con la colilla aun humeante del último.

Tampoco, porque pretenda- me libre él de ello-

saber que se trae ahora entre manos,

ni porque presienta que pudiera ser

nuevamente algo contra mí;

sobre todo, cuando media humanidad

se conformaría, tan solo una vez,

con contemplar su vaporoso rostro,

confirmándose curiosamente que es tal

como siempre lo habían imaginado,

con espesa venerable larga barba blanca;

y cuando a la otra mitad, llegado el momento

les bastaría con escuchar su voz de capitán de barco

surgiendo honda como un vigoroso haz de luz

de un sol de medianoche que les envolviera

como a girasoles ciegos que acabasen de recuperar la vista.

No, yo quiero ver sus manos; las de verdugo

preocupado por regresar pronto cada noche a su casa

y poder ocuparse al fin de su jardín;

las de estrangulador aplicado en repasar con hilo dental

las fauces de unas fieras que guarda atadas;

las de trilero, suplantador del prestidigitador

que se alía con la fe piadosa de los espectadores

para que no se le haya visto el truco

en el justo momento en el que accidentalmente

se han encendido de golpe todas las luces.

Quiero irrespetuosamente, henchido de soberbia subversión,

que nos las muestre para leer en su palma

y conocer de primera mano, si él

como a imagen y semejanza nuestra

también tiene líneas sobre las que pasar el dedo

con su destino inalterablemente detallado, definiendo

- ya que nos ha dejado siempre bien claro

ser un tipo que es partidario de acabar con todo algún día-

cómo va a terminar con esto;

o si por el contrario, como vengo sospechando,

esconde ya en la manga el privilegio

del as de la continua improvisación.

jueves, 24 de julio de 2008

OJALA

Ojala
hubiera podido elegir mis derrotas

como esas apuestas que solemos hacer
y que no nos importa perder,

y menos habernos equivocado.

Así podría presentarme ante ti, ahora,
con la sensación cambiada,
de que ha sido una gran suerte
haber llegado hasta aquí solo para conocerte;

aunque lo haga con las manos
metidas hasta el fondo de los bolsillos
procurando que de ellos no asome
todo el vació en el que habito.

(y no adivines que vengo a pedir
en vez de a ofrecer)

Con mirada resucitada,
con el Almá limpia,
con la memoria borrada
te pido que me acompañes esta noche

a pasear por los bulevares vacíos,
para que tu sonrisa ilumine más la calle
que la luz de las farolas mi animo;
brillante reflejada en nuestros ojos
como luceros en el rostro de dos náufragos
que han recuperado la ilusión.

Ojala hubiera podido elegir mis derrotas
para llegar a este momento más entero
y asumir otra desolación
como la de que rechaces mi invitación
para pasar el resto de la noche
encontrando mitades a cada cosa.

No sé que me llevo a dar por sentado,
como si te conociera de toda la vida,
que lo único que te puedo dar a probar
no sea algo que ya has saboreado;


que ya has paseado por las calles desoladas
con ese sabor de reecuentro de la misma situación
pero con otro desconcido
mientras los dos hablabais
y os reías de oír esas mentiras
que el fondo son exageraciones
de dos egos poco acostumbrados a lucirse;

que tú también sufriste derrotas,
que se olvidaron un día de llamarte,
de responder a tus llamadas,
que susurrándote al oído
encendieron la mecha de estar viviendo un sueño
para luego recoger sus cosas
y dejar los cajones y la casa solo medio vacíos;

como tu vida, empeñada en recordar
y en rellenar ese espacio impredecible,
que un día esta mejor y otros peor,
como el aire entumecido de esos atardeceres
en la retaguardia gris de una extraña guerra;

aguardando junto a la colección de palabras
que hubieras dicho,
que te hubiera gustado haber sabido pronunciar,
que te hubiera gustado saber

Ojala, tú también,
hubieras podido elegir tus derrotas


martes, 22 de julio de 2008

AMO LA NOCHE


Vivo en la noche; me oculto en ella
de la luz del día que, por si no lo sabéis, mata;
porque son las radiaciones de los días
con sus tantos meses y años de aburrimiento,
con sus décadas decadentes y lustros de desengaño,
los que consumen, arrugan y envenenan la piel
y lo que pudiera quedar dentro.

Por eso vivo la noche; bebo la honda oscuridad
de escuchar al mar en silencio
mientras mezo mi reflexivo insomnio,
estremecido por esa grata sensación de frío
que recorre con un rugido mi cuerpo
metido, como mis manos
en los bolsillos, dentro del abrigo;
y mis ojos contemplan hipnotizados
las brasas incandescentes de una hoguera
de parpadeantes luciérnagas que hacen de estrellas
a las que pido predicciones acerca de mi futuro.

Atrapo las noches para usarlas como cebo
en el barullo de los bares de copas,
mirando a los ojos sin vida como los de los peces
de mujeres sin brazos ni calor en los labios,
mientras aguardo a que un rayo parta mi cabeza,
desahogándola de críticos pensamientos
y la arranque esa música estridente
que surge de violar a un silencio
excavado en el vacío;
eso sí, sin borrar en ningún momento
la permanente e inalterable sonrisa
estirada hasta ser mueca,
- que alarga las patas de gallo
y marca como surcos más profundos las arrugas-,
y es que pocos conocen la dura rutina
en que se convierte la obligación de hacer
que todas las noches lo sean de fiesta en el osario.


Me alimento de la noche
y no abandono sus calles
ni dejo de morder sus orillas
más que cuando recibo la alarma
del canto nervioso de los pájaros
hambrientos de amanecer
deslumbrados por el espejismo
de las luces de las farolas aun encendidas;
cuando sucede eso, abordo como quien se sube
a uno de esos espectrales autobuses nocturnos,
mis tísicas sabanas y la cómoda realidad,
en que me abastezco, de mis sueños;
y todo, porque siento que el día
con sus febriles exigencias
tira de mí como el peso muerto
del cuerpo que ahorca al suicida,
que lo aplasta contra la acera.
Amo los ruidos imprecisos
y el silencio de estampida de la noche
porque en ella releo lo hoy escrito
con la conciencia de ayer.

sábado, 19 de julio de 2008

el espejo en la pared


Extiendo mi mano ansiando que la calidez de tus dedos

sobrecojan con un diminuto escalofrió

mi palma generosa por recibirlos;

para luego apretarlos,

estrechándolos como en un abrazo

en el que pueda disolver tanto deseo

al que se sujeta todo mi cuerpo con un temblor

como el pequeño espejo de la entrada a la pared,


el mismo que nos vio llegar

y luego marcharte sola cerrando la puerta.

lunes, 14 de julio de 2008

aprendices de ruiseñor

Observando por la ventana del último tren al que subí descubro mi cara, azul como el reflejo de mi conciencia; a mis ojos, mirándome fijamente desde el fondo del cristal como si con su intangible negrura fundiéndose en mi rostro intentaran hablar o confesarme algo. Ya todo cuanto cambia o pasa atreves de él no llama mi atención como cuando fui niño y se me asemejaba que el futuro debía ser así; con lo que soñaba ser aun oculto, agazapado, aguardando para sorprenderme tras el paisaje siempre distinto tras cada nueva estación.
Hace tanto tiempo que no recuerdo cuando fue la ultima vez que la superficie de un charco nos sirvió de improvisado espejo desde el que nos miraba la ingenuidad, brillando con su color prestado reflejado en nuestros despiertos ojos; con sonrisa risueña, despreocupada, de oreja a oreja, de ser aun inmaculados aprendices de ruiseñor desconocedores de la poderosa voz de nuestro corazón.
No sé, pero debió ser hace tanto tiempo como cuando escribí por última vez con la punta del dedo sobre el vidrio como folio en el que extendía mi aliento
y en el que los inexistentes márgenes para mi imaginación tenían como fondo el horizonte, el monoestacional cielo de mi infancia, el universo aun virgen de mis sueños.
Mañana quiero despertarme y saltar de mi cama; saldré de casa sin terminar de desayunar corriendo escalera abajo hasta reencontrarme con mi calle; allí donde haya otro niño se me brindara un juego siempre diferente, nuevo , una experiencia por estrenar; regresare agotado sólo cuando se enciendan las luces de la ciudad para que las sabanas sean ahora la continuación de un prado siempre verde donde reencontrarme con Ali Baba, con el capitán Nemo, en la cubierta de un barco pirata, en el puesto de mando de una nave que viaja por mundos donde nunca nadie ha estado antes.
Fue hace tanto tiempo que me es imposible recordar cuando vendí por primera vez mi alma al diablo, cuando cambie mi primer sueño por algo a lo que adorar, cuando decidí que seria más practico acatar las normas y accedí hacerme mayor para rendirme sin condiciones a la cruda realidad de hacer y ser lo que se espera de mí edad; infernal corriente que me arrastra como pasajero de un barco de papel alejándome para siempre de mí calle, de mis amigos, de que este bien visto que aun salte en los charcos o de que continué pintando con el dedo en el aire.

SEDUCIRTE USANDO SÓLO MONOSILABOS

Absorto finjo escucharte mientras conversamos, admirando esa manera que tienes, tan dulce, de mover los labios, que siempre parecen sonreír a la vez que hablas; intimidado por esa mirada almendrada de gata de ojos grises; entretenido en fijarme en la forma tan femenina de cruzar las piernas, sentándote de lado, como cuando, con el codo apoyado sobre la mesa, sostienes con los dedos la taza de café en el aire mientras entre los dedos de la otra mano atrapas recién encendido un cigarro y el humo de este cuando sale de tu boca como la evocación de un tentación rondando azul por nuestras cabezas.

Hace rato que he perdido el hilo de la conversación; tan solo muevo afirmativa y negativamente en ocasiones la cabeza; contestando, otras, con monosílabos; levantando en ocasiones las cejas, aparentando escucharte cuando en realidad pienso en como te diría lo que realmente estoy pensando y en cómo te quedarais, si de pronto, me oirías confesarte lo fácil que resultaría enamorarme de ti, acostumbrarme a tus caricias, a tus dedos en mi nuca, al aliento de tus besos, a tus piernas enroscadas en mi cintura o a tus largos y rubios cabellos cayendo sobre mi pecho; a escuchar el ritmo inconstante de tus jadeos como al latido de tu corazón, al calor húmedo de tu vientre, a que me abrace el aroma de tu sudor.

Sostener al menos una conversación con nuestros ojos distinta a como manejan las palabras nuestros labios, pero te veo tan distante al otro lado de la mesa, tan ajena a lo que pienso, mientras no paras de hablar, que noto lo difícil que seria oírte decir que me amas, sentir como me necesitas y cuando saliéramos del café te agarrases a mi brazo para no quererte soltar nunca de el; tan difícil como que adivines lo que en realidad estoy pensando y que yo logre seducirte usando solo monosílabos y arqueando las cejas, tan solo, de vez en cuando.

CULPABLE

-“Todo lo que sucede en este pseudo caótico relato puede ser ficticio,
así como los personajes que pueden ser reales o no”-

“CULPABLE”

Lo cierto es que llevaba más días de lo normal sintiéndome más extraño de lo aconsejable, con un hormigueo de avispas cabreadas en el vientre y una sensación de pisar huevos a cada paso. Mi querido doctor continuaba experimentando extendiéndome nuevas recetas para inéditas pastillas, que sentado en la barra de un bar con una cerveza en la mano, ingería no muy convencido tras observarlas en mi palma como si sus colores formaran parte de mis inquietantes pensamientos. Fue en el justo instante en que por fin me llamo mi abogado cuando comencé a notar un pequeño pero sorprendente alivio -quizás porque era el único al que podía recurrir que aun no debía dinero-
Me comunico, como el que otorga un diagnostico que conocía de antemano para sorprender con su alarde a propios y a extraños, que lo que no me dejaba dormir, que lo que me hacia permanecer inactivo, agazapado durante todo el día como un tembloroso pavo en vísperas de la Navidad, escondido bajo la mesa de la cocina intuidor de su inminente fatídico desenlace, era el sin vivir, por otra parte natural, provocado por una dilatada espera de mi resolución a la ecuación entre inocente o responsable, pero que a partir de ahora podría recuperar el sueño ya que me iba a sobrar mucho el tiempo. El cielo habría de esperar. En su fallo, el jurado del sentido común establecía que sin ningún género de dudas era culpable.
-¿De qué?- Debía estar tranquilo, guardar la calma. Acatar la sentencia tenia que constituir para mí un acto de generosidad, un encomiable sacrificio que seria reconocido; mi sentencia no era gratuita, debía perdurar y contribuir a que actos como aquellos no se repitieran. Mi pena la cumpliría en vez de otros, mi dignidad se la repartirían a los dados para que todos aquellos malos ejemplos escarmentaran en mi cabeza aunque esta seria la de un inocente; - deberías saber -me confeso- a estas alturas de la historia de la humanidad que a los siempre ingenuos inocentes, tarde o temprano ,os da por querer dejar de serlo y esto se podría considerar una manera de prever que no te siguas metiendo en el futuro en más y aun mayores líos; además, él que este libre de culpa que arroje la primera piedra y de ser así, al menos espera –me aconsejo con tono paternal- a que la Justicia se haya vuelto a colocar la venda o mire hacia otra parte .
Reconfortado tras escuchar estas acertadas sabias palabras, con la conciencia intacta por no ser de los que roban o matan, prepare el cepillo de dientes y una docena de libros sin leer; por cierto, a los pocos años de mi encierro, cuando mi piel al estirarse parecía continuar plegada como la de una cebra y de haber agotado interminables recursos imposibles con otro abogado mas barato, de los que llaman de oficio, menos intimo de los jueces, una frase en un articulo de una revista leida por azar del Sindicato Anarquista de Guardias de Prisiones me inquieto de nuevo más que el inquilino de la 666 cuando cae la noche, me impacto tanto como al llegar a casa de madrugada descubrir que no es la mía, como si se me revelara de golpe la enorme amargura de que purgaba una penitencia que me era ajena:
“Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos”

A Don Jacinto Benavente, a Radiohead, a mi marca favorita de café, a Mussorgrki y a su paseo por los cuadros de una exposición, a Don Jaime Gil de Biedma, a mi abogada, a la policía Municipal de Bilbao, al servicio de la grúa, a los atascos de esta ciudad y como no, a los jueces, secretarios, procuradores y demás personal de Justicia como a los poco reconocidos miembros del Sindicato Anarquista de Guardias de Prisiones (S.A.G.P.)a los que dedico estas humildes letras a que tanto han contribuido.

domingo, 13 de julio de 2008

como al pequeño gorrion al que descubro...



Ha llegado octubre.

Ya marcharon todas las golondrinas.

Bajo el cielo protector y distante de la ciudad,

y sobre los tejados y las antenas,

las bandadas de estorninos

dibujan sus remolinos abstractos

de formas efímeras.

Dentro de nada solo quedaran los gorriones y las palomas

ocupando los desangelados bancos

de los parques vacíos;

revolviendo entre los montones de hojas

buscando los restos del pan

de la merienda de algún niño.



Engullido por mi abrigo me protejo de la fuerte lluvia,

metiendo las manos hasta el fondo de los bolsillos;

encogido de hombros por el frió

y como el pequeño gorrión, al que descubro

amparado inmóvil en el alféizar de una ventana,

sueño con desear haber sido golondrina

para reconocer el momento exacto

para marchar camino del sur buscando el calor;

o ser estornino, para que en la confusión de la bandada

no se distinga mi soledad,

o ser paloma para que, a pesar

de los coches y los transeúntes,

se suponga que vivo en paz.

exiliado con sindrome de diogenes



Exiliado con síndrome de Diógenes,

sin tiempo de deshacer las maletas,

arrastro mis pesados recuerdos

de estación en estación,

de aeropuerto en aeropuerto;

por las aceras de cada ciudad

en la que desembarco

como el vagabundo que atesora

todas sus pertenencias

incapaz de apartarse de ellas

ni un sólo instante

por temor a que le desaparezcan

y no poder demostrar

haber estado allí,




ni haber existido






sábado, 12 de julio de 2008

LA PUERTA


Es, la insoportable lucha con el sentimiento
razonado
pero al que me es imposible plegarme
y aceptar
que siempre habré de permanecer
en el quicio de una puerta
sin saber si podré entrar
o si alguna vez conseguiré quedarme;
habitando la constante despedida
sin que mis manos te puedan acompañar
nunca más allá del umbral
que me niega todo lo que soy.

Diciendo eternamente adiós
a lo que mas amo
y a lo que acudo a recoger prestado
para que durante unas horas
recree la ficción de ser a jornada completa
lo que interrumpe una forzada separación
siempre puntual
sobre la que se acumula en su momento,
de golpe sin tiempo ya,
todo lo que me hace falta decirte
que resumo deprisa desesperanzado
con las palabras nunca exactas,
pero que aun así se me atascan en los labios,
recordándote para que se te grabe
que siempre seré tu padre

miércoles, 9 de julio de 2008

¿quien querrias ser de poder ser otra persona?


Me preguntas ¿que pasa?.

Vuelvo mi vista en ambas direcciones

y descubro que pasar, no pasa nada,

pero te tranquilizo aclarándote que si pasara

le saludaría y punto.



Entonces te pregunto ¿que tal?.

Respondes que bien, sin añadir más.



Echo mis cuentas y calculo que es la mitad de camino

entre el natural optimismo y el lacónico escepticismo

del desden de dos locos ociosos en febril inactividad,



justificadora de la incapacidad de mover un solo dedo

para asustar a las moscas que hacen rebaño sobre el plato,


pasando la mañana, vestidos solo con el pijama,

instalados cómodamente en el estrecho corredor de la cordura

sujetos por clavo ardiendo del nihilismo

con los pies sobre la mesa

mientras balanceamos sobre una silla nuestros cuerpos

ajenos al imprudente riesgo.


-¿Quien querrías ser de poder ser otra persona?


El eco de tu inesperada pregunta atraviesa mis oídos

como el escalofrío de oír contra mi sien

el mecanismo del percutor de un arma

cuya negra mirada cabe entre mis dos ojos

estremeciendo de golpe mi indefenso costado

y adueñándose de mí pecho,



provocando que me pesen los brazos

bajo un extraño dolor

y mis piernas no respondan.


-¿Quien querrías ser de poder ser otra persona?

repites con insistencia infantil



Aparto el cigarro

de la comisura de mis labios,

escupo al suelo,

te devuelvo la pregunta.



- Hubo un gallo

que paso la mitad de su mísera vida entre rejas

aguardando en el corredor de la muerte;

la noche antes a que lo ejecutaran

pidió como ultima cena

cinco docenas de ostras

y una botella de Veuve de Clitquo;

nunca llego a subir al cadalso,

lo mato una reacción alérgica...


-¿y que?- me espetas


Pego otra calada

y mientras el humo gris que exhalo

estalla en tu rostro

y como una neblina azul

recorre tus negros cabellos,

te respondo:

- me gustaría ser el diablo…..


Noto como ahora eres tú

él que se siente incomodo.

…..me pido ser tú y que tú seas yo,

que me llames por tu nombre;

solo así llegare a viejo;

para ser sabio,

para jubilarte siendo tu sustituto,

comprobaras

que me sobran motivos.


- Llegara un día en que tu lengua sea tu perdición …

pones precio a mi insolencia.


Por primera vez soy capaz de sostener tu mirada

triturada como la de una serpiente

para responderte esbozando una sonrisa….



-mejor condenarse

que perder el alma, querido Mefisto….

martes, 8 de julio de 2008

intimo deporte


Cuando no te tengo languidezco
como un adolescente sin nada que hacer;
sufro febril con mi imaginación,
invento los besos que te daría
y los meto en el congelador
para convertirlos en cubitos de hielo
y así, cuando estés impúdica,
obscenamente entregada,
jugar a surcar con ellos tu ombligo
redondo de piel melocotón;
circundar tu pubis,
perderlos derretidos en tu ingle
para finalmente, con mi lengua inagotable,
abrir un espacio entre tus labios salados
e inhalar ese olor tan característico
como es el denso aire de una tarde
calurosa de verano
sacudido por las alas blancas
de cientos de mariposas.


Mi vista tardara aun un rato
de bajar de la nube
tendido como tu mirando al techo
que contemplo como tus dos pezones,
que parecen dos ojos de tontorrona mirada extravica,
cuando, girándote para abrazarte a mi,
te oigo susurrarme al oído
- el juego estuvo bien,
¿es al mismo al que ya jugamos la última tarde?
o¿ fue con la cera de dos velas?;
te estas volviendo tan predecible!! ,
¿no se te ocurre nada nuevo
con los mimbres que te presto?-



Esforzado como un parvulito frunciendo el ceño
ante el desafió de la tabla del ocho,
como el maestro de ajedrez
ante la concurrencia de expertos
temiendo con el siguiente movimiento hacer el idiota,
dudando si es real el reto
o bromeas poniéndome a prueba
desprecio la enciclopedia Larousse,
descartando que lo que buscas
tampoco este – pero podría- en esas revistas
que el kioskero guarda bajo su mostrador
lejos de las miradas curiosas de los mas pequeños
al salir del colé mientras comen su merienda.


Creo que a lo que me invitas
es a que te enseñe mi álbum privado
de fantasías genuinamente inconfesables
e insatisfechas,
y mientras mi dedo las recorre
para que tú elijas
descubres satisfecha,
iluminada por un extraño brillo,
mi mirada malvada y turbia
de la que sin ensayos has hecho tu bandera.



Todo para al fin alcanzar como premio
olvidar que deje el reloj sobre el velador
y que mi cuerpo se mueva a otro compás
que al de sus estrictas manecillas;
retorciéndose,
buscando frotarse contra el tuyo,
deseando encontrase dentro
para contemplar al fin la esfera
que tus negros cabellos
describen esparcidos sobre la almohada
y el sincero brillo de tus ojos
como el de un sol de amplia sonrisa
dibujado por un niño.

No me equivoco al pensar
que tan solo se vive una vez
y que esperar con impaciencia a que me llames,
maquinando hasta sentirme mezquino
nuevos rituales en la geografía de tu cuerpo,
se ha convertido en mi íntimo deporte.

lunes, 7 de julio de 2008

en tratos con el diablo


He deseado en tantas ocasiones
que el diablo viniera a comprar mi alma,
en llegar a hacer algún trato con él,
que ahora, que me he hecho viejo de golpe
y repaso el censo de lo que hice,
con la impresión de haber dejado escapar
tantas oportunidades,
caigo en la cuenta de las veces
que baile contento
ignorando estar cogiendo su talle;
que incluso le llegue a besar,
desconociéndolo hasta después
de pasar juntos la noche
sin preocuparme por averiguar su nombre.

Que hoy, sí pretendo sobrevivir
un poco más,
he de estar a dieta de estos y otros
pequeños vicios;
que, en vez de ponerse de mi lado
cuando tan bien los he alimentado,
me traicionan,
aliándose para dar la razón
a quien analiza mis órganos
extrayendo conclusiones innecesarias
de lo que fue hasta ahora mi vida
y haciendo predicciones nefastas sobre mi futuro.

Me preocupa
no tener ninguna noticia del demonio,
de aquel que se me metía y hacia innecesarias
las explicaciones de por qué hacia las cosas.
No regresa ni reaparece cuando más preciso
contar con sus servicios.
En cambio, detecto con alarma progresiva
en mi vetusta apariencia anatómica
como rezuma ese olor entre rancio y dulzón
confirmación de que inevitablemente me estoy haciendo viejo,
como predije, de golpe.
Al menos aun ese hedor no es a muerto
por lo que mantengo la esperanza
mientras le aguardo mordiéndome las uñas,
como cuando admiraba a aquellos chicos mayores
en sus cosas, con el nerviosismo pleno de ansiedad
que metía prisa por poder hacer ya como ellos,
y otra vez, una más, se cumpla que vuelvo a salvar el cuello.


Mi plan es sencillo, el negocio seguro
ahora que conozco todas sus caras
y puedo reconocerlo a la primera
nada más detenga su coche y me invite a subir.
Asi no me veré en la obligación de andar
a vueltas con que he llegado al momento
de tener el deber de escribir cosas como “que será una tarde gris,
un jueves, por ejemplo, mientras llueve”.



Le solicitare lo mismo que todos;
acostumbrado al trueque me pedirá lo de siempre.
Yo volveré a tener desconocidas oportunidades,
él, se ira convencido de haber hecho una buena ganancia
ignorante de que mi moneda estaba devaluada;
y, que si la apariencia de mi cuerpo
le incito incluso a él, que ha debido ver de todo, a la comprensión,
esta será la culpable de que no recontará
lo que rapidamente metió en su bolsillo,
para asi, cuando tuerza la esquina, no ver
-pero pagaría lo recibido por contemplarla- la expresión de su rostro
al sacar el fajo y hacer balance de sus cuentas,
y comprobar con la indignación del timado
que mí depreciada alma que ha aceptado
esta más enferma que su deteriorado aspecto en el espejo.

miércoles, 2 de julio de 2008

EL LADRIDO EN LA LEJANIA


He llegado hasta aquí

intercalando contradicciones;

en unas oigo el ladrido,

siempre en la lejanía

y con el que me hermano,

de los perros

en la inmensidad,

en apariencia vacía,

de la noche;

en otras, escucho el tono,

que siempre me pareció quejoso,

de su respiración

mientras dormidas miro sus ojos cerrados

ajenos a la sensación

reflejada en los míos

de estar sólo

con una premonición

para la que al parecer he nacido.



He de aprender a dejar de perseguir sueños

para comenzar a buscar la interpretación

correcta a mis pesadillas.

ESCRITO CON LETRAS DE ORO




Alargo mi mano abierta como el infeliz
que ignora que le puede caer una maldición
para que ella, con su dedo índice,
acaricie los profundos valles de mi pasado,
las lomas de mi porvenir,
los surcos superficiales de mi presente.
En mi palma lee las líneas del tiempo
y yo ávido de conocer
me estremezco cada que vez que se detiene,
no vaya a ser cierto que pueda adivinar aquello
con lo que convivo tratando de olvidar;
y es que la mala senda que hasta ahora he pisado
hizo que esa misma mano
se extendiera para coger la fruta madura
del árbol prohibido
y cuando tuve que decidir
entre el bien o el mal
lanzara una moneda a cara o cruz
y que no la retirara ni cuando recibí mi castigo
para soplarme la punta de los dedos doloridos
porque orgulloso me creí capaz
de sostener con ella el mundo.

Y es que si existiera alguna señal
explicación a tanto ir de un lado a otro,
dando casi siempre tumbos,
debería llevarla mejor escrita en la frente
marcada a fuego fatuo
que como una luna de agosto
ilumine a partir de ahora mi futuro
lejos de mujeres de negros cabellos
con lo ojos cerrados bajo mi beso,
de hijos que nacieron en un hospicio
sin llevar ningún pan bajo el brazo,
de fortunas como racimos de uva
nadando en el océano,
de pléyades con mi nombre
escrito en letras de oro.

A MARIANA


La muerte llegó de mañana
a hacer su negocio;
después de que se fuera
alguien vino a hacerme notar
que tampoco tú ya estabas. Los detalles del cómo
me hicieron sentir culpable
por haber sido cómplice
de una inexplicable premonición
y no los quise conocer
porque aun hoy me cuesta entender
como te podía pesar tanto
cada segundo
como para empujarte
a querer hacerte vieja de golpe;
sin comprender cómo el último pasó,
en vez de poner por inercia otro delante,
pudo serte más fácil
que el salto al vació de seguir viviendo.

También borre
enseguida de mi recuerdo
aquella fecha
de un mes concreto
en la que finalmente decidiste
no volver a inquietarte más por todo,
como si se tratara de una maldita letra impagada
que no deseara convertir en peregrinación aniversario
a más preguntas sin respuesta,
con lo que, en tu caso, el cielo sale ganando.
Hoy –ahora-, se me hace necesario
para recuperar los rasgos
de tu rostro,
que las sombras del alivio del olvido
borraron de mi selectiva memoria,
contemplar la foto de tu retrato
con tu profunda mirada
que parece preguntarse sorprendida
que hace atrapada
dentro de ese marco
tras un cristal que debe ser tan opaco
como la opinión que te merecerían,
si las pudieras contemplar,
nuestras exiguas existencias
proseguir banales como siempre.

a Mariana Guimón

martes, 1 de julio de 2008

EXILIADO

Exiliado con síndrome de Diógenes,

sin tiempo de deshacer las maletas,

arrastro mis pesados recuerdos

de estación en estación,

de aeropuerto en aeropuerto;

por las aceras de cada ciudad

en la que desembarco

como el vagabundo que atesora

todas sus pertenencias

incapaz de apartarse de ellas

ni un sólo instante

por temor a que le desaparezcan

y no poder demostrar

haber estado allí,


ni haber existido

lunes, 30 de junio de 2008

hombre muerto


Ese hombre, que en este preciso momento
sale por la boca del metro
para dirigir sus pasos hasta el kiosco de prensa;
que dobla el periódico metiéndoselo bajo el brazo
mientras en el bolsillo arroja las vueltas
que volverá a sacar sobre el mostrador
del café al que entra habitualmente;
y que como cada mañana, sosteniendo una taza en el aire
a la que da pequeños sorbos al tiempo que lee
ávido de conocer lo que paso ayer,
ese hombre cotidiano, esta previsiblemente muerto

Él no lo sabe
y los que le rodean
lo ignoran.

Siempre ha llenado mi curiosidad el no saber
que hacen en los hospitales con los miembros amputados
- ya sabéis y si no deberíais, que la curiosidad
mato al gato y pervirtió a la adolescente-;
si aguardan en algún lugar al resto del cuerpo
mientras se descomponen
o se incineran como viejos papeles,
como un montón de viejas cartas sin remite
cuyos rescoldos esparce un viento gris en dirección
a un recién descubierto nuevo punto cardinal.

Alguien debería acercársele
y explicarle la verdad;
como ha hecho mal, dado su estado,
en levantarse esta mañana
y venir a trabajar;
y, si no lo creyera, obligarle
a que consulte en las páginas centrales las esquelas,
para al descubrir la suya, con una foto que no lo hace justicia,
inmediatamente gire su mirada hacia la cristalera
tratando de adivinar que tiempo hace hoy
y en él que no había reparado
hasta saber que lo tiene inesperadamente libre.

Pero nadie lo hace, todos sabemos
lo que cuesta hoy día que otra persona
cruce dos palabras con quien tiene al lado,
aunque pertenezca a esos extraños cordiales
con los que coincidimos cada día
a la misma hora en los mismos lugares
y a los que dirigimos nuestra educada indiferencia
porque a lo mejor todos somos miembros amputados
aguardando una resolución a nuestro extravió.

sábado, 28 de junio de 2008

TRAS UNA VENTANA


"El aire oreaba tu cabello, y fue sólopasar, apenas un minuto y ya dejarte"
Luís Antonio de Villena




Siempre he deseado saber que late

tras la única luz encendida

en una solitaria ventana

de un oscuro edificio

a altas horas de la madrugada.



Te abres paso entre la gente que inunda el bar.

Esta es la tercera vez que haces que levante los brazos,

sosteniendo en lo alto de uno la copa

y en la mano del otro el cigarro a medio fumar,

para permitirte pasar,

y cuando lo haces, me acerco tan cerca,

sin llegar a tocar tus cabellos,

que me enredo con el perfume

que abastece la sensación deseada

de tener tu calor contra mi pecho.




Como un gitano, catálogo los abalorios

que adornan tus dedos

para descifrar en que estado de gracia

- hasta los ladrones de virtud

tenemos atrofiadas normas-


viajaremos abrazados en el interior de un taxi

hasta la otra punta de la ciudad,

a visitar un cuarto en el que nunca antes había estado

pero que siempre imagine así,

y el en que una luz quedará encendida,

lamiendo el caramelo de la noche hasta consumirla,

como aviso a los pocos navegantes nocturnos

que se detienen a contemplar las únicas luces

encendidas en los edificios,

imaginando toda clase de intimidades

que alumbran su nostalgia.

VANESA


Hay algo inquietante

en cada cosa que haces.

Eres capaz de cambiar el ritmo de mi corazón

con solo una de tus silenciosas miradas,

haciéndome creer también

que en mis oídos resuena el irreal,

pero siniestro, sonajero de advertencia

de una serpiente

que me inocula con sus afilados ojos

de mudo reproche

el veneno de la inseguridad.



Y un día, casi perfecto,

sin nubes y un sol radiante

atravesando con sus afectuosos rayos

como una caleidoscópica visión

las hojas de los árboles del parque,

en el que todo transcurría plácido,

con monótona modorra;

de pronto, como si un grupo de palomas

alzaran súbitamente el vuelo,

se quiebra con forma de hiriente premonición

de que sin que nadie lo rozara

se ha precipitado el bello hechizo;



como una molesta brisa que se levantara de golpe

devolviendo el frío desasosiego de humedad

a la antes cálida hierba

sobre la que estábamos tumbados

y la ausencia de nubes y un sol radiante

me avisan con exactitud de la sensación

que de mi se apodera

de que nada será

como fue hace un instante.

MENDIGOS


No digo que sea siempre, pero

muchas de esas noches

en que regreso a casa, derrotado,

sólo, como el único superviviente

de una raza de trasnochadores

envilecidos por el alcohol y el ansia

de haber querido estirar la noche

hasta extinguirla apurando la madrugada,

los descubro como estatuas yacientes

sin acabar de desembalar,

ocupando rincones escondidos

como hojas secas

que se me asemejan a extrañas flores

desperdigadas sobre las aceras

o en solitarios bancos de jardines

en un otoño aparcado en una memoria ajena.




Los contemplo breve rato

no vaya a ser, como ya me ha ocurrido

en otras ocasiones, que mi falta de delicadeza

tropiece sin saber de pronto como comportarse

ante dos retinas de vida ajada,

levemente brillantes

que me devuelven la mirada desafiantes




Entonces, agacho la cabeza

y reemprendo mas vivo

el paso confundido y aturdido,

abrigando como venganza por mi rubor

la canalla burguesa convicción

de ser más digno,

arrojada como una limosna de desprecio,

por no haber acabado,

ni pensar en que alguna vez lo aceptaría,

viviendo como uno de ellos




Lamentando con avaricia,

como única e inconfesable envidia,

no poder hacerme yo también

con esos magníficos ojos

de mirada clavada mas allá de la lejanía,

para poder ver con tono de revelación sin bordes

lo que el resto considerara una locura

ajena a este mundo y a sus esclavitudes.

DE TODOS LOS LUGARES FELICES DONDE HE ESTADO


"Para saber de amor, para aprenderle,haber estado solo es necesario..."
Jaime Gil de Biedma




En más de una ocasión

he intentado saber

que agujero vacio dentro de mí

trataba de llenar amándote;

que absurda cadencia,

como la de tus pasos alejándose,

habitaba estremeciendo mi pecho.



Así, cuando te fuiste,

habría sabido por mí mismo

por que lo hacías,

y no hubiera sido tan amargo

aceptar que el desamparo

también tiene ojos

de los que no se borrará nunca la última vez

en que se cruzaron nuestras miradas.



Supongo que de existir un Dios,

tal como nos lo enseñaron,

se habrá divertido contemplado

lo inútil de mi cacheo al pasado,



como el del que extiende a tientas una mano

palpando en la oscuridad

buscando dar con el interruptor

que le ofrezca alguna luz.



Recorriendo de un lado a otro los ángulos muertos

de mi muda memoria;

enterrando más allá

un rencor inútil

para el que quedaron preguntas por hacerte

que obligado por mi repentina ceguera

ha comprendido que nunca nadie me contradecirá.



Si no fue cierto nunca todo lo que sentimos

o forma parte de otra dimensión

que también habitamos

y donde nos continuamos amando.



Fue como si gritara a alguien que huye

llevándose mis líneas de la mano,

como el incendiario que me pide prestado

para comprar gasolina,

como un fantasma furioso

espectro de una venganza

que no está a su alcance,

como al final de todo

quedarse sin palabras.




Y sin embargo,

de todos los lugares felices

donde he estado

y querría regresar

estas tú.

A LO MEJOR NUNCA ME HE HECHO MAYOR






Creo que ya nací enamorado de ella



Las cosas siempre las recuerdo más grandes,

quizás también porque era yo más pequeño



No desconfié nunca de los extraños

a los que otorgaba una aureola de nobleza

que sacaba de los personajes del cine

o de los libros que leí



-solo con desearla con todas sus fuerzas bastaba

para que cualquier cosa pudiera ocurrir-.



A veces pienso que nunca he sido niño

o a lo mejor nunca me he hecho mayor.



- si me has mentido en alguna ocasión,

tú sabrás-



O puede que este atrapado

en esa tierra de nadie

entre la pubertad y la juventud

que me hace llevar piedras en los bolsillos



a falta de miguitas de pan que arrojar

para que los pájaros de mi cabeza

se coman el camino de regreso a casa.

ELABORADA FANTASIA MALVADA


"...De noche, te alisabas los cabellos,yo me dormía, meditando en ellos..."
Blas de Otero



Despierto y te descubro junto a mí.

Cierro de inmediato los ojos,

sin dar tiempo a reconocer

a quién pertenece ese bulto,

caliente regalo que el cielo

ha metido esta noche desconcertante

en mi cama.



Te prohíbo que hables

poniendo un dedo

a ciegas sobre tus labios

-que tú tomarás

por una de mis románticas extrañas poses

que tanto te debieron agradar-

para que no desveles aún tu identidad,

para que dure el máximo tiempo posible

la dulce sensación de que seas

quien en más de una ocasión deseé.





Así podré imaginar aunque sea sólo por un instante,

relamiéndome canalla

con este magnifico espejismo inducido

-elaborada fantasía malvada-,

que el cuerpo que acaricio desnudo,

que la piel y los pechos,

que el extraño tacto del vello de tu pubis,

que el húmedo bálsamo

en el agua benditera de tu sexo,



pertenecen, durante el mayor rato

que pueda robar a la realidad,

a quien imaginé solo en sueños

sin rostro,

embriagándome como una tempestad intangible

entre las sábanas

sin alcanzarla nunca en propiedad,

sin su nombre en mi boca;



de quien dándome la espalda

va por delante de mí por la calle

ignorante de que la fecundo

con la mirada,

admirando extasiado

sus formas al caminar;

de quien al descolgar el teléfono

comienza a hablarme y tengo que cerrar los ojos

para que me penetre aún mejor su voz

como una cascada

de besos en el interior de mis entrañas…

HE PASADO POR LA VIDA

Siento,

cada vez que la reinterpreto,

que he pasado por esta vida

caminando como un gato

sobre el teclado de un piano;

unas veces dando la nota,

otras desafinando

y, la mayor parte,

sin dar con el acorde.




He aprendido un montón de cosas;

la mayor parte inútiles,

pero que en alguna ocasión me han servido

para deslumbrar a alguna probable lasciva víctima,

a un corro de desafiantes entendidos,

o para recordar la fecha de la batalla de Trafalgar

el día que Hacienda me comunica una inspección.




Así he acostumbrado a mis pies

a andar por la cuerda floja

y mis amigos ya no se sorprenden

de tanta mudanza.




Sólo echo en falta

ese sexto sentido

que me advierta

cuando la vida

pilla ese cambio de rasante

que me impide ver lo que se avecina.



Eso y la mano

que me desnude cada noche

sin detenerse sorprendida

al descubrir cada nueva cicatriz.



Que deje bajo el felpudo

o en el macetero de la entrada

la llave

que me permita abrir la salida

por la puerta principal

de sus muslos ligeramente colaboradores.



Cualquier cosa

antes que caer bajo el peso

de mi propia consciencia

cuando en la farmacia

no me venden el Prozac sin receta.



Me quedo en la herejía

antes que con la muerte.

ANTES DE SAQUEAR EL CIELO


Antes de saquear el cielo

Propongo

Saboteémos primero el infierno

No informemos

De nuestros planes

Que el demonio se entere por la prensa

Que tenga que preguntar

Que acabe por ponerse al teléfono

Para hacer frente a las quejas del mismo Dios

Sobre violaciones de Ángeles

Sobre alas de plumón arrancadas

De responder por las llaves robadas

Que les obliga a dejar abiertas de par en par

Las puertas del cielo toda la noche

Como para que ahora entre cualquiera