martes, 22 de julio de 2008

AMO LA NOCHE


Vivo en la noche; me oculto en ella
de la luz del día que, por si no lo sabéis, mata;
porque son las radiaciones de los días
con sus tantos meses y años de aburrimiento,
con sus décadas decadentes y lustros de desengaño,
los que consumen, arrugan y envenenan la piel
y lo que pudiera quedar dentro.

Por eso vivo la noche; bebo la honda oscuridad
de escuchar al mar en silencio
mientras mezo mi reflexivo insomnio,
estremecido por esa grata sensación de frío
que recorre con un rugido mi cuerpo
metido, como mis manos
en los bolsillos, dentro del abrigo;
y mis ojos contemplan hipnotizados
las brasas incandescentes de una hoguera
de parpadeantes luciérnagas que hacen de estrellas
a las que pido predicciones acerca de mi futuro.

Atrapo las noches para usarlas como cebo
en el barullo de los bares de copas,
mirando a los ojos sin vida como los de los peces
de mujeres sin brazos ni calor en los labios,
mientras aguardo a que un rayo parta mi cabeza,
desahogándola de críticos pensamientos
y la arranque esa música estridente
que surge de violar a un silencio
excavado en el vacío;
eso sí, sin borrar en ningún momento
la permanente e inalterable sonrisa
estirada hasta ser mueca,
- que alarga las patas de gallo
y marca como surcos más profundos las arrugas-,
y es que pocos conocen la dura rutina
en que se convierte la obligación de hacer
que todas las noches lo sean de fiesta en el osario.


Me alimento de la noche
y no abandono sus calles
ni dejo de morder sus orillas
más que cuando recibo la alarma
del canto nervioso de los pájaros
hambrientos de amanecer
deslumbrados por el espejismo
de las luces de las farolas aun encendidas;
cuando sucede eso, abordo como quien se sube
a uno de esos espectrales autobuses nocturnos,
mis tísicas sabanas y la cómoda realidad,
en que me abastezco, de mis sueños;
y todo, porque siento que el día
con sus febriles exigencias
tira de mí como el peso muerto
del cuerpo que ahorca al suicida,
que lo aplasta contra la acera.
Amo los ruidos imprecisos
y el silencio de estampida de la noche
porque en ella releo lo hoy escrito
con la conciencia de ayer.

5 comentarios:

DIVISIÓN ROBER dijo...

Es muy interesante todo esto que escribes. Reflejan muy bien ese

momento de lucidez primero y negrura después de lo que nos rodea.

Es una percepción de la realidad alucinógena. Pero se podría decir que

hay muchas veces que te encuentras en el dilema: ¿Es realidad o locura?

¿Es verdad o mentira? ¿Qué se supone que tengo que hacer con todos

estos pensamientos que se me ocurren en ese momento? ¿Los meteré en un

prisma y los dispararé mañana cuando me levante o los apunto

detalladamente en mi bloc de notas?

Ahora voy a destripar tu poema. Me parece un poema excelente. Creo que

es el poema más denso que he leído de los tuyos y que cada palabra

tiene un significado no doble, sino triple o incluso cuadruple.

Hay una cosa cierta, la luz del sol envejece. Quizá por eso los que

trabajamos de noche, siempre tendemos a salir de noche y huir de la luz

del sol directa. Hay veces que el día también deja momentos

extraordinarios, como cuando las nubes tapan parcialmente el sol y

dejan esos claro-oscuros, o cuando la tormenta se cuela en ese agujero

de bajas presiones en una tarde de verano y empieza a quemar el aire y

fríe los iones y huele a quemado. O en ese momento en el que descargan

los primeros relámpagos y suena como un crujido primero y luego un gran

estruendo. Y finalmente ese momento de éxtasis placentero de olor a

tierra húmeda, hierba y bichos ahogados en el humus.

Me resulta brillante tu forma de rematar el poema con las últimas 4

frases:

"Amo los ruidos imprecisos
y el silencio de estampida
de la noche
porque en ella releo lo hoy escrito
con la conciencia de ayer."

Es interesante, porque cuando lo releemos no nos reconocemos o nos

reconocemos demasiado. De ahí la importancia de la luz y del cambio en

la atmósfera. Haría la pregunta: ¿es la atmósfera la que nos cambia a

nosotros o nosotros cambiamos la atmósfera?

oscar dijo...

mira, que no me hagas caso lo veo normal, yo ademas si me conocierea te lo recomendaria.....pero que seas ajeno a lo que escribes y como lo haces, sobre todo esto segundo no te lo perdono...y sobre tu ultima cuestion que tratas en tu comentario te anoto otra pregunta, si todos nos hemos de reciclar ¿en que contenedor me meterias a mi? no hay color verdad...

DIVISIÓN ROBER dijo...

No hay color, verdad. No hay forma de saber dónde encajas o donde encajamos todos. Desde luego cada vez lo tengo más claro. Eso de ser el raro del curro, cada vez lo llevo mejor, porque no soy el único "raro". Afortunadamente creo que con nuestra actitud podemos cambiar el mundo a pequeña escala, y como dice el refrán: un grano no hace granero, pero ayuda al compañero. Un refrán muy proletario de esos que me gustan tanto a mí. Pues bien, parece ser que hoy día, hacer el bien y hacer la vida más agradable a nuestros allegados está visto como "raro", porque no es habitual. Yo creo que debe ser el objetivo a seguir. Cuando leo y escucho los medios de comunicación y veo la cantidad de ponzoña interesada, atino a pensar que si esa ponzoña la dejamos penetrar en nuestro ser, nos acaba por invadir primero y destruir después.

Ahora te voy a responder a la pregunta del contenedor. No hay color, porque tampoco hay contenedor, pero sí hay contenido dentro de las personas, lo que pasa que ellas mismas van soltando lastre y ese lastre es a veces muy pesado. Nos vemos obligados a varias opciones como pueden ser: ocultar nuestros sentimientos, hacernos más ariscos, hacernos más sarcásticos, hacernos más bebedores de lo que éramos o buscar el porqué de las cosas.

Yo no soy capaz de darte la receta de nada, cada alma tiene que encontrar su luciérnaga en la oscuridad y cuando la ha encontrado alimentarla con su luz interior y sobre todo: abrir las palmas de las manos como un célebre personaje bíblico que murió por ser un idealista de la verdadera libertad.

Creo que la libertad no es algo inamovible y con un sólo significado. Tiene significados infinitos, pero la libertad según el qué o quién la tenga, puede ser agradable o devastadora. Y no me refiero a ningún tirano, me puedo referir a la furia natural, que es otro ente. Tiene sus razones para ser así, al igual que un león tiene sus razones para ser así. O un antílope corre porque le persigue ese león. Todo tiene una explicación y muchas veces no es racional.

Te lo digo en unas líneas: odio las etiquetas, la verdad hay que descubrirla constantemente y hay que ser independientes y no dejarse influenciar por nada ni nadie, y si nos morimos y no hemos llegado a conseguir lo que queríamos, tenemos más vidas; de eso estoy seguro.

oscar dijo...

rober....me matas pero ahora te voy a tocar yo los cojones un ratin ....me voy de vacances...ala ahi queda eso.
a mi vuelta te voy a dar la charla sobre eso que no sabes si lo que escribes o tus apatitudes para escribir

Anónimo dijo...

La noche y su magia... sòlo quienes la probaron entienden, un placer leerte, saludos, Abstrusa.-