sábado, 14 de mayo de 2011

mitades



He dedicado media vida a tratar de descubrir
el exacto lugar en el que se echan a dormir las sirenas,
y así es como he acabado convertido en dos cosas a la vez.
Mitad hombre mitad lobo,
o iguana, y muchas, mitad burro.
Pero nunca, nunca una sola.
Por ejemplo- tú también lo tienes claro-, jamás he sido un santo.
Lo que me hace recordar que tu tampoco
has tenido una sola virtud.
Bueno, sí. La de hacerme perder la cabeza.
Mitad mujer mitad libidinosa loba,
o vulnerable gata bajo la lluvia, o delgada serpiente
que se enrosca a mi cuerpo para despertarme por las mañanas
con su bifida lengua húmeda en mi oreja.
Tampoco nunca seremos lo que aparentamos,
aunque nos empeñemos en ser despreocupados amantes
sin reconocer ser mitad celosos amigos,
mitad egoístas cobardes incapaces de expresar sus verdaderos deseos,
como si nos hubiera correspondido un lujo que no mereciéramos
y al que nuestra otra mitad se negara a renunciar,
como si tuviéramos miedo a despertar en mitad del esplendor
para descubrir que no podemos recordar
dónde habíamos dejado nuestros zapatos entre la fría hierba.