Esta mujer me enfrenta a mi destino,
convoca todo mi pasado,
me reta para que cambie de vida
y como a un chico pobre
me exige que cruce un océano
de miel salada y hierbabuena
que borre toda huella de mis pasos
como si mi mano fuera de arena.
Que me arranque mi actual rostro,
me afeite la cabeza y las cejas,
apriete los labios y mire al suelo.
Que en ese otro hemisferio
tendré tiempo de nuevo
para desafiar a otras estrellas
convertido en anónimo transeúnte,
como un príncipe de los mendigos,
el rey de todos los locos
que el día de su muerte
querrá encima leer su horóscopo.
1 comentario:
Apasionante poema, cómo para no cruzar océanos enteros de miel salada y lo que sea...
Besos
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