lunes, 17 de enero de 2011

...bien podria convertirse en mi epitafio...


fhoto by doctor robert


La visión cotidiana de todo cuanto me rodea

es como si me frotara los ojos

y al abrirlos, me descubriera frente a un espejo

contra el que antes alguien

hubiera arrojado el contenido de un vaso de agua

y esta, cayendo por su lisa superficie

como por el cristal de una ventana un día de aguacero,

me revive la inquietante sensación de un deja vu inacabable

que complica aún más la distorsión a contraluz

de diferenciar entre la realidad y mi propia fantasía.

Y es que la verdad podrá tener mi cuerpo

pero nunca poseerá mi alma.

La entraña de mi conciencia

pasea por los puentes de Bilbao

con un hijo cogido de mi mano.

Camina con las manos metidas en los bolsillos

por las desiertas noches azules

de avenidas y húmedas calles.

Por la ceniza gris del recuerdo de cielos otoñales

observando las bandadas de estorninos

balanceándose entre rayos de sol

que atraviesan como jirones las oxidadas nubes.

Mi nombre se asemeja a los escritos en olvidadas agendas.

Me cruzo sin rozarme con gente anónima

sin que ellos tampoco se percaten ni de que existo

ni de que soy la manzana del paraíso.

Si me fui fue porque me desengañe.

Si he vuelto fue porque me sentía perdido.

La pasión ha dado paso a la compasión

y así cualquier línea que leo en un libro

bien podría convertirse en mi epitafio.